VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

El fantasma del fascismo en Israel

Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

No me tomo a la ligera el uso del término fascismo para describir la situación política actual en Israel. Durante años evité utilizarlo, en parte porque la palabra se ha convertido muchas veces en un arma retórica utilizada sin fundamento por opositores de Israel y antisemitas alrededor del mundo.

También porque, hasta hace poco, las instituciones democráticas sobre las que se construyó Israel habían logrado, unas mejor que otras, resistir el embate de la ultra derecha. Sin embargo, después de una serie de acontecimientos en los últimos meses, me queda claro que para combatir a este terrible enemigo hay que llamarlo por su nombre.

La ultra derecha, y buena parte de la derecha israelí, presentan muchos de los elementos característicos de la doctrina y la práctica fascista: el rechazo a las instituciones democráticas, a las cortes y a los contrapesos del poder, e incluso al propio derecho al voto; el uso de laviolencia como estrategia política; un alto grado de militarismo, nacionalismo y machismo, aunados al culto a la personalidad del líder, considerado supremo. A ello se suma una visióndel mundo en la que los fuertes deben prevalecer, un rechazo al pluralismo y a la cooperación social, y la creencia de que existen sectores superiores a otros, de modo que sólo mediante laexpulsión o eliminación de ciertos grupos la sociedad podrá florecer.

Quizás el único elemento distintivo respecto a los fascismos europeos que conocemos es el profundo componente religioso de la doctrina de la ultraderecha israelí. Se trata de una visióndel mundo en la que la división entre débiles y fuertes se fundamenta en categorías etnorreligiosas. No obstante, la visión mesiánica de algunos sectores coincide en esencia conlas doctrinas de superioridad racial, aunque con una expresión distinta.

Lo que me lleva a catalogar así a la ultra derecha israelí así no es sólo su ideología, sino lapuesta en práctica de principios políticos fascistas: la formación de grupos paramilitares, algunos incluso dentro del ejército, que día tras día atacan comunidades palestinas en Cisjordania; el uso de la violencia física contra jueces, figuras de la oposición e incluso manifestantes; y la participación de miembros del parlamento en ataques contra comunidades palestinas e incursiones en bases militares.

En las calles también se respira un ambiente de violencia. Bandas delictivas actúan con impunidad, influencers acosan a figuras públicas y la policía ha abandonado en gran medida alos ciudadanos árabes, víctimas del crimen organizado; todo esto aunado a clima de la guerra. Se trata de un ambiente generalizado de violencia, precisamente el caldo de cultivo en el que el fascismo prospera. Tanto en las calles como en el parlamento se percibe una atmósfera querecuerda a la Europa de la década de 1930.

Tan sólo esta semana, el partido de Netanyahu obligó a sus miembros a grabar con sus teléfonos celulares una votación que debía ser secreta, para asegurarse de que su abogado personal se convirtiera en el nuevo Contralor del Estado. Ese mismo día, grupos de extremistas ortodoxos atacaron la casa de un juez de la Corte Suprema, en escenas que evocan los pogromos del siglo pasado.

Una a una, las instituciones han ido cayendo. La coalición ha logrado colocar a figuras cercanas al régimen en puestos tan sensibles como la dirección del Mossad, los servicios deseguridad internos y altos cargos del ejército. Al mismo tiempo, se ha negado a nombrar jueces, ha atacado sistemáticamente a la Corte Suprema e incluso ha coqueteado con la idea de cancelar elecciones.

Algunos fascismos, como el español, llegaron al poder mediante la fuerza militar. Muchos otros alcanzaron el gobierno por la vía electoral y, una vez allí, destruyeron desde dentro el orden liberal. Eso es precisamente lo que está en juego en las próximas elecciones: el últimoresguardo frente al avance de la bestia.

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