Si bien el Papa León XIV tiene una retórica menos confrontante que la de su predecesor, su mensaje no deja de ser igualmente revolucionario. Luego de un año en el que poco supimos de él, su reciente encíclica sigue dando de qué hablar y se perfila para ser uno de los documentos que definan el rumbo de nuestra época. Centrada en la dignidad humana y en los peligros de deshumanizar la tecnología, su mensaje manda ondas de choque a todas las instancias de la vida política y social de nuestro mundo.
Su voz reclamando el trato justo a los inmigrantes resonó primero en EU y ahora lo hace en su reciente visita a España. Oponiéndose primero a un sector importante del cristianismo (y catolicismo) estadounidense que se hinca ante la cruz, pero humilla al desvalido, provocó, cimbró conciencias y atemorizó a los políticos conservadores que enfrentan el conflicto de oponerse a las claras palabras de un líder moral internacional por favorecer a un caudillo sectario que tiene todo menos calidad moral para hablar de justicia.
Ahora en tierras españolas, el Papa ha vuelto al tema del trato humano a los migrantes. En su llamado a abandonar los discursos polarizantes y a acoger la realidad compleja de nuestras sociedades, ha ido en contra de los enfoques nacionalistas identitarios que simplifican el discurso haciendo al “otro” enemigo mientras se proclama el fantasma de lo propio como un esquema inamovible y, por lo demás, irreal. Justificar con la protección de la identidad el desprecio a otras culturas, violando los derechos humanos, es un abuso que rompe el entramado social y atenta contra la esperanza de una vida en común pacífica.
La realidad mundial es compleja, plural y siempre cambiante. El reto es mayúsculo, pero ignorarlo y tratar artificiosamente de volver al pasado, justificando atropellos deshumanizantes, es un camino condenado a la derrota. Este mensaje de apertura y concordia ha resonado tanto con comunidades religiosas como con los más diversos grupos sociales y políticos que ven en el mensaje de León XIV un reclamo social vivo y dignificante que apuesta por el diálogo y la esperanza de la conciliación.
Sin quedarse en un mero llamado a acción moral de unos cuantos, las acciones tomadas por el pontífice encarnan reclamos sociales y políticos concretos y ponen en evidencia lógicas perversas que disfrazan intereses privados de ideología política y que ponen en jaque el futuro de la humanidad. El cuidado al desvalido, la lucha climática, el desenmascarar las falsas “guerras justas”, el trato digno al migrante, son banderas que aglutinan a gran parte de la población mundial y que ahora han encontrado en León XIV un líder moral que no teme ser censurado por los grandes poderes fácticos de nuestros días.
Lo poco que le queda al PRI
