ARQUETIPO FUTBOL

La fiesta del futbol

Daniel Alonso*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

Dimensionar lo que significa el Campeonato Mundial de Futbol, como antes era conocida la máxima competencia de FIFA, es simple, no existe evento deportivo con la trascendencia e impacto social como el que tiene el Mundial. Y si, después de una larga espera, 40 años para ser precisos, México volverá a vibrar por culpa de una pelota de futbol que para mucha gente podría no tener significado especial, pero para otros millones, significa consolidar la identidad, es darle total sentido a la vida y lograr la capacidad de traer de lo abstracto lo que es la pasión para el ser humano, es soñar con la felicidad así sea efímera y superficial.

Hace cuatro años las calles de Argentina explotaron de una manera sobrenatural, un fenómeno cultural como pocos vistos en el deporte; las imágenes memorables en Buenos Aires y las provincias argentinas son fiel ejemplo de lo que puede significar bordar una estrella en el escudo nacional. Serán los de la albiceleste, los responsables de defender el título mundial en una tierra donde se cerró de manera súbita la carrera de Diego Maradona en su último mundial, de la mano de una rubia enfermera. Es ahora ese recuerdo, uno de los cantos de aliento con que los argentinos se motivan para una revancha en tierras de malos recuerdos.

Quiero imaginarme que en tierras mexicanas sería algo similar en caso de una hazaña de ese tamaño, obviamente estoy más que consciente que es algo poco menos que imposible que México gane un mundial, pero al menos con una participación que sobre todo, honre la historia de muchos jugadores que, a la postre fueron ídolos y que en su momento se entregaron y jugaron al tú por tú a equipos como Italia en 1994 y 2002, a Holanda y Alemania en 1998, Francia en 2010, Brasil en 2014 y nuevamente a los germanos en 2018. Ahora en casa, 40 años después, esta generación tendrá una oportunidad de oro y Javier Aguirre tendrá la suya, la última con lo que podría quedar a mano después de las dolorosas eliminaciones ante Estados Unidos en Corea y Argentina en 2010.

El Mundial conjuga millones de emociones y escribe historias para la eternidad. Y desde hace tiempo que en México hay pocas historias inspiradoras, son tiempos de incertidumbre, de caos y desánimo, tan es así que las expectativas que existían desde la óptica del turismo y la Federación Mexicana de Futbol se diluyeron con el tiempo. La “fiebre mundialista” apenas es un leve resfriado en donde ya poco a poco comenzamos a ver las camisetas verdes deambular por parques o centros comerciales, pero estoy totalmente convencido que una vez inicie el partido entre México y Sudáfrica pasado mañana y cuando se concrete la victoria del Tri, ahora sí, estallará el sentimiento futbolero por la Copa del Mundo a su máxima expresión.

Es así como, estimado Javier Aguirre y a todos los jugadores que integran a este equipo en el que nuevamente, a pesar de todo lo mal que está nuestro futbol (y país en general), volveremos a confiar, a ciegas, con más fe que argumentos futbolísticos. Ahí estaremos a pesar de que la FIFA nos alejó de los estadios, estaremos en la distancia, alentando con la familia, con los amigos, listos para ilusionarnos, porque la realidad es que los necesitamos más de lo que imaginan, en tiempos de filtros grises, no desaprovechen la oportunidad de escribir una historia tricolor.

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