Si regresamos un poco y analizamos la historia de lo que sucedió entre Italia y Alemania, vamos a poder entender un poco mejor el contexto de lo que se vivió este domingo pasado. Corría el mes de junio del año 1940, Italia decidió entrar a la Segunda Guerra Mundial y tomó partido situándose del lado de Alemania, y lo hizo justamente cuando Francia estaba a punto de caer. La realidad de esto es que Mussolini buscaba sentarse en la mesa de los vencedores y reclamar beneficios sin haber cargado con el peso de la batalla; incluso, se dice que el dictador italiano dijo que necesitaba “unos miles de muertos” cuando se le advirtió que su ejército no estaba preparado para la guerra; sin embargo, Mussolini necesitaba aparecer como uno de los grandes vencedores de la guerra.
Justamente lo mismo es lo que le sucedió al PRI, con el triunfo coahuilense de este domingo. El esfuerzo lo realizó Manolo Jiménez, su estructura, su buen gobierno y una forma de hacer política que logró conectar con lo que en verdad le preocupa a la gente de Coahuila. Por eso, quien quiera leer este resultado como una victoria de Alejandro Moreno o de la dirigencia nacional del PRI, está viendo la elección de manera equivocada, o de plano, quiere vender una historia que no corresponde con la realidad.
Sí, el PRI ganó las 16 diputaciones locales en disputa, eso nadie lo puede negar, pero una cosa es que el partido aparezca en la boleta y otra muy distinta es que la dirigencia nacional haya sido la responsable del triunfo. Lo que vimos este domingo fue un respaldo al gobierno de Manolo Jiménez, no a los discursos de Alito ni a las fotografías de la dirigencia nacional queriendo colgarse de un resultado que no construyeron. Ahora bien, analicemos lo sucedido para ilustrar el triunfo del domingo. Mientras Morena salió a campaña con el eslogan “Ya es tiempo”, el grupo gobernante apostó por hablar de seguridad, y la pregunta obligada que nos debemos hacer es: ¿ya es tiempo de qué? La gente no estaba queriendo cambios, y es que las campañas funcionan cuando conectan con las preocupaciones reales de la gente, no cuando se construyen desde un escritorio en Polanco, donde creen que una frase bonita puede sustituir la realidad que viven los ciudadanos.
En Coahuila existe una preocupación muy clara: conservar la seguridad y la estabilidad del estado. La gente no quiere que su realidad se parezca a la de otras regiones del país donde la violencia se ha convertido en parte de la vida cotidiana. Los coahuilenses entienden perfectamente lo que tienen y también entienden lo que no quieren perder. Por eso, el mensaje de seguridad no fue un “adorno” de campaña, fue el centro de la elección. Ahí estuvo la diferencia. Morena quiso vender cambio sin explicar para qué, mientras el grupo gobernante logró colocar una idea mucho más sencilla y mucho más poderosa: cuidar lo que se tiene, y eso pasa porque cuando la gente siente que algo importante puede estar en riesgo, no vota para ver qué pasa, vota por algo que le dé certeza. Eso fue lo que no entendieron los morenistas de Coahuila. La victoria tiene nombre y apellido, y está en Manolo, no en Alito Moreno o en la dirigencia nacional.
Por eso es de risa el evidente intento de Alejandro Moreno de hacer lo mismo que Mussolini: llegar cuando la batalla ya estaba ganada, levantar la mano y tratar de sentarse en la mesa de los vencedores como si él hubiera cargado con el peso de la guerra. Alito no construyó este resultado. No fue su estrategia, no fue su liderazgo, no fue su narrativa y mucho menos fue su prestigio lo que llevó al PRI a ganar en Coahuila. Si algo ha demostrado la dirigencia nacional priista en los últimos años es que fuera de ciertos bastiones locales el partido se cae, pierde militantes, pierde presencia y pierde bien perdido. Entonces no nos confundamos, Coahuila no lo ganó Alito, ahí está la diferencia. Manolo hizo la batalla con gobierno, territorio, seguridad y resultados. Alito llegó después, cuando ya estaba todo armado para colgarse la medalla y vender la idea de que el PRI está de regreso. En todo caso, el PRI de Coahuila resistió a pesar de Alito.
Alito es el Mussolini del 2026, es más, si hubiera una medalla al “oportunista” del año, él la portaría como nadie más. Recordemos que no nada más es oportunista como Mussolini, también lo imita en eso de ser dictador.
Reenviado
“Cada cual mira los acontecimientos desde su esquina, con el rostro vuelto hacia la pared para no ver lo que no quiere”
-Matilde Asensi
De aliados a no saber qué hacer con ellos
