BAJO SOSPECHA

¿Qué puede salir mal en el próximo Mundial de futbol?

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

La pregunta no busca “echar la sal” ni generar miedo innecesario. Todo lo contrario. En seguridad, hablar de riesgos es precisamente la única forma de prevenir tragedias.

Parte de estas reflexiones las escuché durante el curso Major Events: Navigating Opportunities and Challenges, de la Harvard Kennedy School, donde especialistas internacionales en seguridad, manejo de crisis y organización de megaeventos analizaron los enormes desafíos que enfrentan hoy ciudades y gobiernos para organizar eventos globales como unos Juegos Olímpicos o una Copa del Mundo.

Porque durante meses hemos escuchado hablar del Mundial 2026 como una enorme fiesta global. Turismo, derrama económica, estadios llenos, millones de visitantes y una vitrina internacional para México. Pero detrás del espectáculo existe otra realidad mucho menos cómoda: los megaeventos también son enormes pruebas de seguridad, logística, movilidad y capacidad institucional.

...AQUÍ, LAS PROTESTAS

Maestros de la CNTE marcharon ayer en calzada de Tlalpan. ı Foto: Cuartoscuro

Y basta ver lo que ocurre hoy en México para entender que hay muchos focos rojos.

Porque un Mundial ya no enfrenta solamente amenazas terroristas o criminales. Hoy los riesgos son muchísimo más amplios: ciberataques, drones, caos en el transporte, sobrecupo, colapsos humanos, fallas eléctricas, desinformación digital, protestas sociales, bloqueos, fenómenos climáticos extremos y hasta inteligencia artificial utilizada para manipular información o generar pánico.

Un Mundial moderno depende completamente de sistemas digitales.

Boletaje electrónico, acreditaciones, accesos, cámaras, transporte, transmisión internacional, pantallas, monitoreo y comunicación operan a través de plataformas tecnológicas.

Un ataque cibernético podría paralizar partes enteras de un evento.

Pero además, a diferencia de un Super Bowl o un concierto, un Mundial dura semanas.

No se puede cerrar una ciudad durante más de un mes, las ciudades tienen que seguir funcionando mientras reciben a millones de visitantes.

Y ahí aparece uno de los mayores desafíos: los turistas no conocen la ciudad: no entienden el idioma, no saben cómo funciona el transporte, desconocen rutas de evacuación, protocolos de emergencia o zonas de riesgo.

Una mala comunicación en medio de una crisis puede generar caos o incluso pánico colectivo.

Pero quizá uno de los riesgos más delicados para México tiene que ver con algo que ya vivimos constantemente: las manifestaciones y bloqueos.

La CNTE paraliza carreteras, aeropuertos, vialidades estratégicas y accesos fundamentales prácticamente cada año, y hay amenazas serias de que lo harán durante este Mundial.

Y ésas son precisamente algunas de las grandes preguntas rumbo al Mundial:

¿Qué pasaría si existen bloqueos masivos durante partidos importantes?

¿Qué ocurriría si miles de turistas quedan atrapados por protestas, plantones o cierres viales?

¿Qué pasaría si colapsa la movilidad entre aeropuertos, hoteles y estadios?

Porque en un megaevento el tiempo es crítico. Un retraso pequeño puede convertirse rápidamente en una crisis operativa gigantesca. Y México tiene antecedentes muy complicados en movilidad. Basta ver el caos cotidiano en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, los bloqueos en autopistas o las marchas que paralizan durante horas zonas enteras de la capital.

Ahora, imaginemos eso multiplicado con millones de visitantes internacionales.

Los especialistas en seguridad saben además que uno de los mayores peligros en eventos masivos no necesariamente viene de un atentado.

Muchas veces el riesgo más grave es simplemente una multitud mal controlada; sobrecupo, clonacion de boletos, empujones, aglomeraciones, pánico.

La historia de los eventos masivos está llena de tragedias provocadas por masas comprimidas.

Y el problema puede comenzar por cosas aparentemente simples: boletos falsos, accesos lentos, retrasos, fallas en escáners o personas intentando entrar sin control.

Porque cuando la gente deja de poder moverse libremente, el riesgo aumenta brutalmente, y eso obliga a otro reto enorme: personal capacitado.

Después de la pandemia, muchos sectores perdieron experiencia operativa, hoy existe escasez mundial de personal suficientemente entrenado para manejo de masas, evacuaciones, crisis y seguridad de grandes eventos, y no cualquiera puede hacerlo.

También se tiene que estar preparado para el clima, por ejemplo: ¿se tiene previsto qué hacer en caso de tormentas eléctricas, fuertes lluvias extremas, inundaciones de calles, granizo, o bien, calor intenso.

Los eventos masivos actuales tienen que prepararse, incluso para escenarios climáticos extremos. Y cada decisión tiene consecuencias. Cerrar accesos genera enojo. Evacuar puede provocar caos. Suspender partidos implica pérdidas millonarias. Pero no actuar a tiempo puede terminar en tragedia.

Otro foco rojo son las fallas estructurales y operativas: cortes eléctricos, pantallas que colapsan, fallos en audio, caídas en sistemas digitales. Y otra gran preocupacion está en que haya problemas en transporte público.

Todo eso puede desencadenar crisis enormes en cuestión de minutos.

Y aquí aparece una de las grandes preocupaciones rumbo al Mundial 2026: en México todavía no vemos una discusión pública seria sobre preparación integral.

Mientras otras sedes trabajan escenarios de riesgo, simulaciones, resiliencia climática, inteligencia artificial aplicada a seguridad y coordinación entre agencias, aquí seguimos hablando casi exclusivamente de turismo y espectáculo. Como si el Mundial fuera solamente una fiesta y sí, es una gran fiesta, pero también es una enorme prueba de capacidad institucional. De logística, de coordinación, de prevención.

Porque al final, el verdadero éxito de un megaevento no es que haya goles, conciertos o derrama económica. El verdadero éxito es que millones de personas entren, salgan y regresen a casa sin que ocurra una tragedia.

Y viendo el nivel de improvisación, conflictividad social y problemas estructurales que vive México, la pregunta ya no es únicamente si estamos listos para recibir al mundo.

También será fundamental cuidar la seguridad de los turistas fuera de los estadios. En bares, antros y restaurantes donde existe venta de drogas, distintos grupos criminales pueden disputarse a los clientes, generando situaciones de violencia que pondrían en riesgo tanto a visitantes como a ciudadanos.

La logística y la seguridad de un Mundial de futbol no se pueden improvisar. Requieren años de planeación, simulaciones, coordinación entre autoridades y capacidad real de respuesta ante crisis. Y aunque parezca lejano, ya estamos prácticamente a días de que ruede el balón en el primer partido.

La pregunta entonces no es solamente si México está listo para recibir turistas y organizar partidos. La verdadera pregunta es si el país realmente está preparado para enfrentar todas las eventualidades que puede traer consigo un megaevento de esta dimensión.

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