ACORDES INTERNACIONALES

Expediente Irán. El escalamiento ya tiene método

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Una represalia puede ser un accidente. Dos, seguidas y en la misma franja horaria, son un método. El Mando Central informó una nueva ronda de ataques contra objetivos en Irán, otra vez en la madrugada, y eso convierte el golpe de días atrás en lo que ya no puede leerse como excepción: una secuencia de escalamiento administrado que va adquiriendo ritmo propio. Si hay método, la pregunta cambia: ya no es si Estados Unidos puede escalar, sino si todavía gobierna el techo de la escalada que él mismo puso en marcha.

La segunda ola reinterpreta a la primera. Días atrás, por orden de Donald Trump, Washington atacó cerca de Ormuz y, según Reuters, alcanzó casi 20 objetivos iraníes, ninguno simbólico: sensores, defensa aérea, control terrestre. Irán contestó con cuidado, que no es lo mismo que con pasividad: misiles y drones contra bases estadounidenses en Jordania, Kuwait y Baréin. Amán informó que interceptó cinco proyectiles dirigidos a al-Azraq. Washington sostiene que no hubo bajas. Teherán eligió así una respuesta calibrada para comunicar alcance sin forzar una guerra abierta: una lógica frágil, que funciona sólo mientras ningún misil acierte donde no debía.

Sobre esa base llega el cambio que de verdad altera la naturaleza del conflicto: el mar. Ya no sólo apaga radares: ejecuta un bloqueo. El petrolero Settebello fue inutilizado frente a Omán por presunto crudo iraní. CENTCOM sostiene que desde el 13 de abril ha inutilizado ocho buques, redirigido 134 y dejado pasar 42 embarcaciones de ayuda humanitaria. Lo que era presión económica se volvió rutina militar diaria.

El mercado leyó el mensaje antes que los medios. El Brent volvió a superar los 94 dólares y el WTI rebasó los 91. No es nerviosismo financiero: es la traducción económica de una realidad militar. Por Ormuz cruza una porción decisiva del petróleo y del gas natural licuado del mundo, y el día que Irán convierta la amenaza de cierre en interdicción efectiva, la guerra dejará de medirse en radares caídos para medirse en seguros, rutas, alianzas y el precio de la energía en mercados que ni siquiera tocan el Golfo.

El tercer frente sigue en Líbano. Israel eliminó al menos a 13 personas en el sur el miércoles, nueve de ellas en Dayr Debba, a ocho kilómetros de Tiro. Desde el 2 de marzo, las autoridades libanesas reportan casi tres mil 700 muertos y 1.2 millones de desplazados por ataques israelíes. El sur del Líbano no es un drama humanitario al margen: es el frente que Irán puede activar a través de Hezbolá sin exponerse él mismo, su manera de presionar a Israel y a Washington sin cruzar todavía a la guerra abierta.

El miércoles deja ver una guerra todavía limitada, pero cada vez menos gobernable. Nadie parece querer la guerra total; todos, sin excepción, están aceptando más riesgo para evitarla. Y en Ormuz, en Líbano y en el Golfo, ese riesgo no se suma: se contagia.

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