La favorable cifra de inflación registrada en mayo ofrece un respiro, pero no una solución definitiva al problema inflacionario. Detrás de la disminución anual persisten presiones estructurales asociadas al mercado laboral, los energéticos y los servicios, mientras que varios de los factores que explican la reciente moderación tienen carácter transitorio. En este contexto, la convergencia sostenida hacia la meta de inflación continúa siendo un reto para el Banxico.
La inflación en México mostró una moderación significativa durante mayo de 2026, al ubicarse en 3.94% anual, frente al 4.45% observado en abril. La disminución respondió principalmente a la caída de los precios agropecuarios, a la desaceleración de las mercancías y a un efecto estadístico favorable derivado de la elevada base de comparación del año previo.
La moderación inflacionaria observada en mayo parece obedecer más a factores transitorios que a una corrección estructural de las presiones de precios. La caída mensual se explicó fundamentalmente por el ajuste estacional de las tarifas eléctricas y por el descenso de los precios agropecuarios, especialmente frutas y verduras, cuya inflación anual se redujo de 21.4% a 14.4%. Asimismo, el componente no subyacente registró una fuerte desaceleración, pasando de 5.08% a 3.10% anual.
Sin embargo, detrás de esta aparente mejoría persisten señales que invitan a la cautela. La inflación subyacente —considerada el mejor indicador de la tendencia de mediano plazo— descendió apenas a 4.19%, su nivel más bajo en un año, pero continúa por encima de la inflación general y refleja comportamientos divergentes. Mientras la inflación de mercancías mantiene una trayectoria descendente favorecida por la apreciación del peso y la debilidad de la demanda interna, los servicios continúan mostrando una notable resistencia a la baja. De hecho, este componente acumuló cinco meses consecutivos de aceleración, impulsado principalmente por los costos de vivienda y diversos servicios vinculados al turismo.
No obstante, el balance de riesgos sigue inclinado al alza. Las presiones derivadas del aumento sostenido de los costos laborales continúan trasladándose al sector servicios, mientras que las tensiones en las cadenas globales de suministro han alcanzado niveles no observados en los últimos cuatro años. A ello se suman los elevados precios internacionales de materias primas y energéticos, particularmente de los hidrocarburos.
Las señales provenientes de la inflación al productor también sugieren que el proceso desinflacionario podría estar acercándose a su límite. El Índice Nacional de Precios al Productor sin petróleo aumentó ligeramente a 2.05% anual, poniendo fin a una tendencia descendente que se había prolongado durante un año. Más relevante aún es el repunte del componente que incorpora petróleo, cuya tasa anual avanzó de 2.5% a 3.0%, reflejando el encarecimiento de los combustibles y anticipando posibles presiones adicionales sobre los precios al consumidor en los próximos meses.
En este contexto, aunque la inflación se encuentra nuevamente dentro del rango de variabilidad del objetivo del Banco de México, resulta prematuro concluir que el problema inflacionario ha sido superado. La persistencia de las presiones salariales, el encarecimiento de los energéticos y un entorno internacional todavía caracterizado por elevados mayores presiones en la cadena de suministros globales y mayores costos de transporte sugieren que la inflación podría retomar una trayectoria ascendente a partir de junio.
Bajo este escenario, una inflación cercana a 4.3% al cierre del año parece más probable que una convergencia sostenida hacia la meta permanente de 3%, lo que justificaría que el Banxico mantenga sin cambios su tasa de referencia durante los próximos meses.
