CARTAS POLÍTICAS

Radiografía preliminar de la elección de Coahuila

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

El triunfo del PRI en Coahuila admite dos lecturas simultáneas. La primera es evidente: fue una victoria contundente y una aplanadora a nivel local en el único estado del país que no ha tenido una transición en el poder.

La coalición del PRI con Unidad Democrática de Coahuila ganó los 16 distritos de mayoría relativa, obtuvo más de la mitad de la votación y dejó a Morena sin una sola victoria distrital. La segunda lectura exige más cuidado: por más que Alejandro Alito Moreno lo desee, Coahuila no anticipa por sí solo el 2027 ni significa que el PRI esté de regreso a nivel nacional, muestra la fortaleza de la estructura priísta en el estado del norte y el buen trabajo que ha hecho su gobernador Manolo Jiménez.

La participación electoral es quizá uno de los datos más importantes de la elección. En una elección como la de Coahuila que no es concurrente con procesos electorales federales y en la que no se competía el cargo de gobernador, se esperaba una participación máxima del 40%, no obstante votó alrededor de la mitad del padrón electoral. Para una elección de diputados locales, ese nivel de participación es extraordinario. Este incremento puede deberse a una movilización electoral orgánica de una ciudadanía que vio la elección como una defensa de la estabilidad local o también, como acusan los liderazgos de Morena, una movilización activa del priísmo en el estado.

Otro punto relevante de la elección son las acusaciones sobre la integridad de la misma. Hubo acusaciones de compra de votos, operación gubernamental, urnas con participaciones atípicas e incluso casillas que, según revisiones preliminares del PREP, rebasaron el cien por ciento de votación esperada. Aunque las diferencia y la victoria del PRI fue aplastante y las irregularidades no explican el tamaño de la derrota de Morena, si es un síntoma de la calidad de las elecciones en el país sobre el cual hay que mantener la lupa a la luz de las recientes reformas electorales y los límites presupuestales, operativos, políticos y administrativos que se le han impuesto al INE.

La otra historia de la elección es el desplome de la oposición. El PAN y MC no sólo fueron irrelevantes; quedaron en riesgo de perder su registro local. El PAN, que durante décadas fue la oposición natural al PRI en el norte, terminó reducido a una fuerza testimonial. MC tampoco encontró espacio en una elección polarizada entre continuidad priista y expansión morenista.

Las reacciones también fueron interesantes y para anotar. Ganar Coahuila es importante, pero celebrarlo como si fuera el renacimiento nacional del PRI es una exageración. El PRI ganó donde siempre ha ganado, con el aparato que todavía conserva y con un gobernador que ha logrado buenas impresiones. Eso no es poco, pero tampoco es transferible automáticamente a otros estados. El exceso de celebración puede convertir una victoria estratégica en una ilusión óptica, como quienes hincharon la popularidad de Xóchitl Gálvez.

Más extraño aún fue el festejo panista. Que dirigentes y figuras del PAN celebrarán el triunfo del PRI mientras su propio partido se hundía en Coahuila revela la confusión de la oposición. Vicente Fox felicitó al tricolor por su regreso como en los viejos tiempos. Una ironía fantástica: el presidente de la “transición” celebrando el regreso del PRI.

El gran ganador personal es Manolo Jiménez. Mantener el bastión priista, movilizar una participación alta, conservar el Congreso y proyectar una imagen de gobierno eficaz lo colocan como una figura nacional de la oposición. No porque pueda trasladar Coahuila al país entero, sino porque demuestra algo escaso en la oposición: capacidad de gobierno, territorio y votos.

El gran perdedor es Morena. La derrota golpea a Luisa María Alcalde, a Andrés Manuel López Beltrán y a Ariadna Montiel. Llegaron a esta elección entre relevos internos, acusaciones contra miembros de su partido y dudas sobre su operación territorial. Coahuila exhibió que la marca Morena no gana sola en todas partes y es una señal de alerta para lo que podría venir en 2027.

Coahuila no cambia el mapa nacional. Pero sí deja señales claras de que la oposición va a defender con uñas y dientes sus bastiones en el 2027. También hay una invitación a la moderación y a la prudencia que el PRI haya ganado en Coahuila, en donde nunca ha perdido, no significa que pueda ganar en todas partes, todo el tiempo, al mismo tiempo. Todo lo contrario, una flor no hace primavera.

Aprovecho el espacio para mandarle un abrazo y un beso a mi papá que este fin de semana cumple años.

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