La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es nuestra temible Hidra, varias cabezas que nacen de un mismo organismo capaz de regenerarse cuando alguna le es amputada. De la mitología griega a la política sindical en México, la disidencia magisterial fue cultivada para contender con la empoderada dirigencia de un Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) cuasi sector del PRI en sus lustros de plenitud.
La CNTE no es una. No pesa lo mismo la sección 22 de Oaxaca que la 34 de Zacatecas. No es lo mismo la 7 de Chiapas o la 18 de Michoacán que la 1 de Aguascalientes o la 3 de Baja California. La disidencia del magisterio presume que se articula por democracia pura y dura, asambleas y consultas directas a sus bases. Esa aparente legitimidad es raíz del músculo que muestran cuando hace falta.
La CNTE en tiempos de la 4T parecía más empática que con los gobiernos prianistas a quienes hizo ver las suyas con movilizaciones y campamentos emblemáticos. A la CNTE la 4T le endulzó los oídos con promesas, con solidaridad en otros años de lucha y oposición al antiguo régimen.
Pero ahora el nuevo establishment mexicano es la antigua resistencia ideológica. Ahora, los ocasionales —e interesados— compañeros, son adversarios de ocasión.
Los maestros rebeldes acusan al gobierno en turno de la 4T de haberles prometido lo que hoy, una vez más exigen, derogar la reforma constitucional de 2007 sobre pensiones del ISSSTE, incremento del 100 por ciento a salarios y, en el terreno educativo, para que no digamos que todo es un tema laboral, la desaparición de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros (Usicamm).
La pelota rueda en las sedes mundialistas del país, la CNTE también. Ayer tomaron casetas de peaje en el acceso de Morelos a la Ciudad de México. Permitieron el paso franco de cuanto autotransporte llegó. Misma frontera vehicular en Tlalpan donde la semana pasada el Gabinete de Seguridad federal detectó explosivos a bordo de uno de los autobuses del contingente de Ayotzinapa que venía a reforzar los bloqueos en la víspera de la inauguración futbolera.
Por la CNTE, la Presidenta prudentemente postergó su gira por Zacatecas. A la mandataria que la CNTE señala, prometió en campaña electoral cumplir sus demandas, la alcanzaron en Colima y Aguascalientes. La inquilina de Palacio Nacional reiteró que ahora el diálogo con los maestros de la CNTE será directo, sin intermediarios, en agosto, con mesas tripartitas con capacidades resolutivas.
Por ahora, las reuniones permanentes en Gobernación con la SEP y el ISSSTE se acabaron. Si ya los conocen, para qué prometerles. Por lo pronto, la fiesta de las patadas, la de las canchas, no las que ocurren por debajo de las mesas, acapara la atención y disminuye la tensión. Pero la CNTE sigue. De los 13 juegos en México nos quedan 10 y contando. Ojo con la Hidra.
Nueva narrativa ante la CNTE
