ENFOQUE MANUAL

La visión del aficionado

Laura Garza*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

El aficionado no mira de la misma forma un juego de la Selección Mexicana, a veces es incapaz de hacerlo como lo hacen los periodistas deportivos, los analistas y los cronistas, no por una incapacidad intelectual, sino porque su pasión distorsiona o hasta aclara lo que realmente es el futbol.

Podríamos plantear distintos posibles escenarios de lo que un aficionado hombre o mujer pueden ver, y después dividirlo por edades y quizá hasta estratos sociales.

Hay quienes ven el balón ir y venir y solo esperan que entre a la portería del equipo contrario. Otros realizan un vuelo panorámico para ubicar a sus jugadores y sus posiciones. Alguien más podría solo estar buscando al señor de las cervezas, como primer plano y de segundo el juego al fondo como si tuviera la tele prendida y solo prestar atención, conforme la gente eleve su grito.

Laura Garza │ ENFOQUE MANUAL │ La visión del aficionado ı Foto: Especial

He conocido a quienes llegan al estadio queriendo dejar de pensar en sus problemas cotidianos, y dejan afuera a la familia, la escuela y las deudas, entran a una especie de “viaje”. Están los más clavados, los que le gritan a los jugadores la jugada que deben anticipar, le reclaman al 8, al 4, y hasta al portero por no estar tan atentos como ellos lo están al juego.

Y un último ejemplo, los que van de acompañante, que ni les gusta tanto el juego, ni le van, pero ponen de su parte para que no dejen de invitarlos. Pero al final de cuentas, le da igual.

Así la fotografía de hoy tomada por la fotoperiodista Annegret Hilse alemana en nuestro bello e histórico Estadio Ciudad de México en el juego de México contra República Checa, en donde ganamos 3 por 0 y se dio la oportunidad de que entrara Guillermo Ochoa unos minutos para despedirse de su afición y de su carrera con al Selección.

Este “vuelo” como le han llamado los aficionados a los múltiples festejos que han realizado en el país tras los juegos de la Selección, aplicó para el portero mexicano.

Memo Ochoa quien jugó portando la playera de México jugó 154 partidos oficiales, y seis Mundiales, parque conmemorativo que recibió unas horas antes de este último juego en su carrera.

Me gustaría no llamarle homenaje, sino la oportunidad de despedirse de su equipo mientras corrían el tiempo de los 90 minutos reglamentarios y con un estadio completamente lleno.

Que su último Mundial pudiera sentir el apoyo de la gente y de su equipo. Que su familia lo viera cuidando los tres palos y la red que tantas veces cuidó.

El aficionado ve esta foto como ellos son en las calles, con los conocidos y desconocidos, con periodistas, policías y encargados de limpieza.

La imagen de los jugadores alzando a su portero, al más grande de todos, al de la experiencia, al líder y al histórico integra a todo el país. La fiesta se comparte, al emoción es igual, no se hace diferente por ser quienes son: i-g-u-a-l-e-s .

Entonces el mexicano olvida que si debía o no debía salir a la cancha, que si homenaje o jugar, que si el Mundial es para eso o no, y las tantas ideas que se debatieron durante esta semana.

Este acto de lanzarlo al aire, rompe con todo y nos une a todos.

La acción es la imagen de los mexicanos en pleno 2026, niños que gozan el disfrute de ganar, de poder tener una fiesta que dure 8 horas o más, adultos que se vuelven niños, aquellos que heredaron la pasión por el fútbol.

La visión del aficionado, quizá no es la que ve seis mundiales en el aire, o los 154 partidos, o sus vuelos en el aire bloqueando el balón tras un tiro de larga distancia. No. El aficionado ve la pasión, la emoción, la ilusión convertid aen realidad, el triunfo soñado, la Copa imaginaria de estar en casa y meter tres goles.

Qué mágico es el futbol, que durante 90 minutos puede estallarnos el cuerpo con una sola jugada o con un solo “vuelo” de un jugador como Ochoa.

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