PESOS Y CONTRAPESOS

¿Otro impuesto?

Arturo Damm Arnal. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

¿Cuáles son las funciones de un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación? Resolver los asuntos que involucran la constitucionalidad de leyes y actos gubernamentales. Interpretar la Constitución y establecer los criterios que tendrán que seguir los tribunales del país. Encabezar ponencias encargadas de elaborar los proyectos de sentencia que se someten a discusión y votación. Participar en las tareas de gestión y organización interna de la Corte.

Estas son las tareas de los ministros, entre las cuales no está el proponer impuestos, como lo ha hecho Lenia Batres, quien pretende que se graven las herencias, por el hecho de que lo recibido por herencia no es producto del trabajo propio, por lo que, según ella, contribuye a una mayor concentración del ingreso y a una mayor desigualdad en su distribución, lo cual se corregiría, piensa ella, con el impuesto a las herencias.

Mucho es lo que debe decirse al respecto, comenzando por el hecho de que el ingreso, que es el producto del trabajo de cada quien, no se distribuye, se genera trabajando, y depende de lo que alguien más esté dispuesto a pagarte por tu trabajo y sus productos. Tu ingreso no es una cantidad de dinero que alguien te regala sin recibir nada a cambio (distribución de dinero). Tu ingreso es una cantidad de dinero que alguien te paga a cambio de algún bien o servicios que hayas producido, o en cuya producción hayas participado (generación de ingreso). La causa de la pobreza no es la desigual distribución del ingreso, sino la incapacidad para, gracias al trabajo propio, generar ingreso suficiente.

Mucho es lo que debe decirse al respecto, pero centro la atención en algo que Batres muestra con toda claridad: la creencia de los políticos (si hubiera una excepción se confirmaría la regla), de tener el derecho de disponer de las propiedades de los demás como crean más conveniente, creencia que son capaces de llevar a la práctica por el poder que tienen los gobiernos para cobrar impuestos, para obligar a los ciudadanos a entregarles una parte de sus ingresos, del producto de su trabajo, creencia que comparten todos los políticos, de izquierda, centro, derecha.

Dicha creencia va más allá, porque hay muchos políticos que creen que, a mayor generación de ingreso y a mayor acumulación de riqueza, más y/o mayores deben ser los impuestos a pagar, creencia que también son capaces de llevar a la práctica pudiendo cobrar impuestos especiales (a ciertas personas y/o a determinados productos), y progresivos (cada vez a mayor tasa dependiendo del producto de la persona). A mayor generación de ingreso y/o mayor acumulación de riqueza, más y/o más elevados impuestos.

Las tareas de Lenia Batres como ministra son las cuatro señaladas al inicio de esta columna, no proponer más y/o más elevados impuestos, propuesta que es un buen ejemplo de la degeneración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en la Ínfima Corte de Injusticias del País.

Si se cobra más de un impuesto, se cobran muchos impuestos. Y si no se cobra el impuesto único, homogéneo, universal, no expoliatorio, a la compra de bienes y servicios para el consumo final, se cobra el impuesto equivocado. Todo ello sucede en México, donde padecemos un engendro tributario.

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