BRÚJULA ECONÓMICA

Educación e Informalidad: frenos al crecimiento

Arturo Vieyra<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

México tiene una ubicación privilegiada, una amplia base manufacturera y una población en edad de trabajar que podría impulsar un mayor crecimiento económico. Sin embargo, el país lleva décadas avanzando a un ritmo insuficiente. La razón no está únicamente en los problemas del momento, sino en dos debilidades que se han vuelto crónicas: una educación que no responde a las necesidades del mercado laboral y una informalidad que absorbe a más de la mitad de los trabajadores. Mientras ambas persistan, será difícil que la productividad y el crecimiento despeguen.

La productividad es el principal determinante del crecimiento de largo plazo. Las economías que producen más con la misma cantidad de trabajo y capital generan mejores salarios, atraen inversión y elevan el bienestar de su población. México, en cambio, ha permanecido prácticamente estancado. Una de las razones es que cerca del 55% de la población ocupada, más de 33 millones de personas, trabaja en la informalidad.

La informalidad implica mucho más que la ausencia de seguridad social. Las empresas informales tienen un acceso limitado al crédito, enfrentan escasos incentivos para invertir en maquinaria o innovación y suelen operar con bajos niveles de productividad.

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Pero la informalidad no es el origen del problema, es también una consecuencia de las debilidades del sistema educativo. Los indicadores son preocupantes. En la evaluación PISA 2022, México volvió a ubicarse entre los países con menores resultados de la OCDE en matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Al mismo tiempo, más del 40% de los jóvenes de entre 25 y 35 años no concluyó la educación media superior, lo que reduce significativamente sus posibilidades de acceder a empleos formales y mejor remunerados.

A ello se suman rezagos que limitan la competitividad del capital humano. Cerca de la mitad de las escuelas carecen de acceso adecuado a Internet y el dominio del inglés continúa siendo uno de los más bajos de América Latina. En una economía donde la digitalización, la automatización y la Inteligencia Artificial transforman el mercado laboral, estas carencias representan una desventaja creciente.

El problema va más allá de los años de escolaridad. Existe una desconexión entre las habilidades que desarrolla el sistema educativo y las que demanda el sector productivo. Mientras las empresas requieren técnicos especializados, ingenieros, programadores y personal con competencias digitales e idiomas, miles de jóvenes egresan sin la preparación necesaria para incorporarse a esos empleos. Para muchos, la informalidad termina siendo la única alternativa.

Así se configura un círculo vicioso que limita el desarrollo económico. Una educación de baja calidad genera trabajadores con menor productividad y menores oportunidades de empleo formal. La elevada informalidad reduce la inversión empresarial en tecnología y capacitación, perpetuando actividades de escaso valor agregado. Al mismo tiempo, una economía con alta informalidad recauda menos impuestos y el Estado dispone de menos recursos para invertir en educación, infraestructura e innovación, reforzando nuevamente el ciclo.

Las consecuencias trascienden el mercado laboral. México enfrenta una oportunidad histórica derivada de la relocalización de cadenas de suministro hacia América del Norte. Sin embargo, atraer inversiones de mayor contenido tecnológico exige una fuerza laboral altamente calificada. De lo contrario, el país corre el riesgo de especializarse únicamente en actividades de bajo valor agregado, desaprovechando una ventaja competitiva que difícilmente volverá a presentarse.

La estabilidad macroeconómica, la disciplina fiscal y el control de la inflación seguirán siendo condiciones necesarias para el crecimiento. Pero no serán suficientes. Sin una transformación profunda del sistema educativo y una estrategia efectiva para reducir la informalidad, México difícilmente logrará elevar su productividad y romper décadas de bajo crecimiento.

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