Es respetable la opinión de que no hay futuro por culpa de la Inteligencia Artificial (IA). Junto con una guerra termonuclear y una hecatombe climática, una Inteligencia Artificial General (IAG) que termine detectándonos como obstáculo (ya sea por error de diseño o por competencia) no es un riesgo menor para la humanidad.
Lo que no resulta razonable es convertir esa opinión en un dogma, ignorar otras opiniones y morir de pánico. En una entrevista reciente con The Economist, Elon Musk sostuvo que la humanidad podría estar a las puertas de su mejor época gracias a la IA. La recepción de su mensaje fue como un teléfono descompuesto.
Musk no niega el peligro de la IAG, simplemente considera que la catástrofe es improbable, a diferencia de un florecimiento sin precedentes de prosperidad. La periodista le plantea la angustia de quienes están perdiendo sus empleos. Él responde con un ejemplo histórico: hubo un tiempo en que edificios enteros estaban llenos de personas dedicadas a hacer cálculos para bancos, compañías de seguros o gobiernos. Eran “computadoras humanas”. Aquellos trabajos desaparecieron cuando llegaron las calculadoras y los ordenadores electrónicos. Hoy nadie querría volver a desempeñar una tarea tan repetitiva.
Musk cree que ocurrirá algo semejante con muchos empleos actuales. Las máquinas realizarán las labores tediosas y peligrosas, mientras las personas podrán dedicarse a actividades elegidas libremente. ¿Y de qué vivirán? Su respuesta es: de un ingreso universal elevado, financiado por una economía muchísimo más productiva. Incluso, afirma que multimillonarios como él terminarán pagando cantidades enormes de impuestos para sostener el sistema.
La pieza clave de su razonamiento es la abundancia. La IA, junto con robots, producirán alimentos, vivienda, transporte, manufacturas y servicios a costos cada vez menores. Si la productividad aumenta, los precios bajarán. El dinero mismo podría perder importancia porque la riqueza material sería abundante.
No me parece que Musk sea un personaje especialmente simpático. Pero si uno quiere criticarlo, conviene hacerlo sobre lo que dice e informándose un poquito. La IA digital, que a todos nos asombra desde 2022, ahora va a articularse con vehículos, aparatos y autómatas. Es la ruta natural.
¿Cómo llegaríamos al escenario idílico de Musk? Cada nueva generación de modelos aprende más tareas, los robots están siendo capaces de ejecutarlas en el mundo físico y la productividad aumenta, los costos disminuyen y la economía se transformará. Ese camino no garantiza un final feliz, pero en él transitamos.
A millones les irrita que Musk repita (no es su idea) que el trabajo humano llegará a ser opcional y que las personas podrán dedicarse a la jardinería o al ajedrez mientras reciben un ingreso universal. Sin embargo, es positivo que acepte la necesidad de una distribución masiva de la riqueza generada por la automatización. Además, conviene recordar que Musk no siempre fue un entusiasta del desarrollo acelerado de la IA. Apoyó una moratoria temporal por temor a sus riesgos. Más tarde, concluyó que la revolución ocurriría con o sin él, y decidió no ser mero espectador.
De memoria. (Regulación)
