LA VIDA DE LAS EMOCIONES

¿Qué creemos que nos piden los otros?

Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

La paciente llega por primera vez a sesión con un relato desordenado, casi caótico, sobre la razón que ella cree que la trajo a terapia. Cuenta a toda velocidad sobre los eventos de su vida que la han hecho sufrir o sobre lo que puntualmente la angustia en el presente. Lo hace a toda velocidad porque es urgente para ella desahogarse, sentirse mejor, encontrar una solución a sus problemas, dejar de sentirse como se siente. Preocupada todo el tiempo, insomne porque todo lo que está sin resolver, se le vuelve de noche una maraña, un nudo inmenso que le nubla la cabeza y le impide pensar con coherencia y orden.

Una parte central de la narración de la paciente se relaciona con una identidad asignada, no elegida, desde que era muy jovencita, de ser la grande, la mayor, casi una mamá sustituta de sus hermanos y de su propia madre. Las razones de esta identidad impuesta, de estas funciones maternas que su sistema familiar le exigieron, se volvieron una forma de existir, de estar, de ser en el mundo: siempre responsable, siempre resolviendo las necesidades de los otros, siempre preocupada porque los problemas nunca se terminan. Sobrecargada de responsabilidad, no puede dormir, no tiene tiempo para ella, pero sobre todo, siente que si no actúa , nadie lo hará.

Como parte de esta identidad, eligió a una pareja que, a pesar de ser profesionista, es muy inestable laboral y económicamente. Esta elección es un ejemplo de la compulsión inconsciente a repetir el lugar asignado en la familia de origen. Es también la madre de su marido.

Nada de esto que le pasa hoy es algo que ella hubiera querido, dice. Le gustaría que alguien la sostuviera a ella, que alguien la ayudara y la hiciera sentir fuerte para poder descansar a veces de esa forma de ser, impuesta desde afuera pero después rigidizada e internalizada en ella como adulta.

Es importante hacer una distinción entre dos conceptos que se utilizan en la psicoterapia y cuya diferencia es central desde el punto de vista ético pero también por sus consecuencias en el tratamiento.

El primero es la responsabilidad subjetiva, que quiere decir que la terapeuta puede llegar a pensar que todo lo que le pasa a la paciente es su responsabilidad, producto de sus decisiones, de lo que ha ido eligiendo conforme ha pasado la vida. El problema con esta aproximación a la vida de la paciente y las razones de su padecimiento, es que por lo general se vuelve culpabilizante. La línea entre la responsabilidad y la culpa es muy fina. No es raro leer a terapeutas poniendo todo el énfasis en el sujeto, como si el cambio de todas las circunstancias sólo dependiera de él. Pensar que la paciente goza sufriendo es una idea extendida en muchas escuelas de psicoterapia. Evidentemente hay un goce, pero es de naturaleza masoquista e inconsciente y del cual es muy difícil salir.

El segundo concepto es la rectificación subjetiva, que tiene que ver con poder trabajar con la paciente en alcanzar claridad sobre la posición que juega en su tablero. Desde qué lugar se relaciona, se comunica, ama, pide o no lo que necesita. La rectificación subjetiva es la capacidad de relacionar la historia biográfica con sus consecuencias. Por ejemplo, entender que haber tenido una madre ausente e infantil, la volvió a ella depositaria de la función materna. Entender que desde su fantasma, ella se ha anticipado en todas sus relaciones a sentir que lo que los otros desean es que los proteja, que los cuide, que les resuelva.

Parece una obviedad, pero no lo es. Resulta muy distinto intervenir diciendo “pues así escogiste a tu marido, así escoges a los hombres de tu vida, así te gustan, podrías elegir diferente”, a ayudarle a ver que la función que ella desempeña en sus relaciones amorosas es una repetición, una respuesta anticipada, fantasmática, de su pasado.

Hay terapeutas muy poco formados que dicen “deja a tu marido, renuncia, vete de ahí”, como si el cambio de posición obedeciera a un mandato impuesto desde afuera. Para la paciente, ser como una madre en todas sus relaciones es la forma en la que sabe ser, con la que se identifica, hasta este momento en el que ser madre universal se vuelve un peso que ya no puede cargar y por eso pide ayuda profesional.

¿Qué creemos que nos piden los otros? Valeria Villa

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