Fórmula infalible, el poderoso en turno, sea de signo tricolor, azul o guinda, alucina con que sus fallas estructurales son sólo consecuencia de la perversidad oligárquica, porque prensa, medios y periodistas fueron opositores interesados.
Regímenes latinoamericanos de corte autoritario han dado ejemplo con sus peores versiones al argumentar que la capacidad del llamado quinto poder los ataca. Y los llena de epítetos; conservadores, reaccionarios, fascistas.
Gobiernos populistas y corruptos han fracasado y hundido con ellos a sus pueblos. Jamás han hecho una autocrítica retrospectiva. Fueron perfectos hasta que los echaron. Otros, a pesar de todo, a base de sangre y censura, se aferran al poder. Nicaragua dixit.
Ante el escozor que los lineamientos para normar los derechos de las audiencias suscitan entre medios e informadores y opinólogos, la 4T nos regala otra exhibición de espontáneo nado sincronizado, justo lo que aborrecen —dicen—.
Que la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) está capacitada y dentro del Gobierno federal, es de lo mejor. Olvidan que esa CTR es, se supone, una instancia con autonomía técnica e independencia jerárquica.
No lo es y por eso, que al final de las ventanillas de atención a las audiencias, la que pueda sancionar a los medios concesionados, sea la CRT, preocupa.
Comisiones apéndices del poder fiscalizando al poder es una aberración. No importa cuando ni en qué contexto se debata.
Otros defensores de los lineamientos argumentan que la consulta pública propicia la ciudanización de la norma en la Ley.
¿Cuántas consultas populares han ido en el sentido contrario a la intención del poderoso en turno? Ninguna. Nadie con la investidura se organiza una encuesta para perderla. Ni aquí, ni en el mundo.
Lo que si resulta del proceso de “escucha” de opiniones es que se legitima una decisión tomada desde el inicio.
Durante las exposiciones que gobiernos de la 4T hacen para señalar mentiras y ataques desde los medios, no destacan la radio ni la televisión concesionada, el principal blanco de sus “aclaraciones”, son las redes y sus orfebres, periodistas y comentócratas que postearon su crítica o hasta sus mentiras.
El segundo escalón del podio es la prensa. Las audiencias de las benditas redes permanecerán en la orfandad del buen gobierno que pretende que estén mejor informadas, más dotadas del saber diferenciar entre noticia, opinión y publicidad.
Los defensores orgánicos recurren a la historia para ejemplificar que censura era la de Luis Echeverría hace medio siglo. Que ahora la 4T busca es lo más próximo a la justicia social.
O que los gobernadores morenistas son fanáticos de las libertades de opinión en sus feudos. Eso, creen que creemos, como era antes, ya no. Ajá.
El debate es bienvenido y debe llevar la discusión a escenarios más amplios, pertinentes y equitativos.
Analicemos si el pueblo avispado y politizado es sabio a veces y otras no. Dilucida que opción de gobierno quiere, pero no es capaz de distinguir, qué asume como cierto y que no, dónde tolera las opciones y cuando no. Depende.
“Examen de control”. Secuelas
