BAJO SOSPECHA

“El CJNG opera como franquicia; es como la hidra de la mitología”

En su libro El día que cayó El Mencho, José Luis Montenegro asegura que el cártel amplió sus fuentes de ingresos; advierte que tiene la mayor expansión y presencia internacional

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

El periodista especializado en temas de crimen organizado José Luis Montenegro presenta su nuevo libro El día que cayó El Mencho, Editorial Planeta, una investigación que reconstruye la historia de Rubén Oseguera, líder histórico del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En él se habla desde sus orígenes en Michoacán hasta la consolidación como una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo. Esta semana platicamos con Montenegro sobre su indagatoria, el operativo que terminó con la vida del capo y el futuro de una estructura que, pese a la caída de su fundador, opera con fuerza.

El comunicador, el pasado 1 de agosto. ı Foto: Especial

Bibiana Belsasso (BB): ¿Por qué decidiste investigar a fondo el personaje de Nemesio Oseguera?

José Luis Montenegro (JLM): Me interesó construir el perfil criminal de un personaje que marcó la historia reciente del crimen organizado en México. Incluso hay un dato poco conocido: su nombre de nacimiento no era Nemesio, sino Rubén Oseguera Cervantes. “Nemesio” está relacionado con la diosa griega Némesis, asociada con la justicia o la venganza, y él terminó apropiándose de esa identidad para construir una imagen casi redentora. Sin embargo, detrás de ese mito está uno de los criminales más violentos que ha tenido el país, responsable de una enorme estela de muerte y corrupción. Además, mientras mucho se ha escrito sobre el Cártel de Sinaloa, el CJNG es hoy la organización criminal con mayor expansión territorial y presencia internacional.

BB: El Cártel Jalisco logró sobrevivir a la muerte de su líder; tiene una estructura de franquicias y no de mando único.

JLM: No funciona como un cártel tradicional. Es una empresa criminal transnacional. Su estructura se parece más a un sistema de franquicias que a una organización centralizada. Tiene una base de operaciones en Jalisco, pero cuenta con células distribuidas en México y en decenas de países que siguen reglas comunes, pagan cuotas y mantienen la misma marca criminal. Además, no depende sólo del narcotráfico. Hoy obtiene ingresos por extorsión, trata de personas, tráfico de migrantes, minería ilegal, robo de combustibles y control de servicios básicos. Esa diversificación le permite operar aun cuando desaparece su máximo dirigente.

BB: También destacas el papel del brazo financiero del CJNG.

JLM: Ése es uno de los grandes diferenciadores. Los Cuinis funcionan como el banco de la organización. Son quienes administran el lavado de dinero y mantienen el flujo de recursos mediante empresas y estructuras financieras internacionales. Mientras exista esa capacidad económica, el cártel conserva su fortaleza.

BB: ¿Quiénes están ocupando hoy los espacios que dejó El Mencho?

JLM: Hay varios personajes que ya tenían responsabilidades importantes y que ahora cobran mayor protagonismo. Destaca Juan Carlos Valencia, hijastro de El Mencho; también Julio Alberto Castillo, El Chorro, su yerno; además de operadores como Gonzalo Mendoza Gaitán, El Sapo; Ricardo Ruiz Velasco, El Doble R; y Francisco Javier Gudiño Haro, La Gallina. Es como la hidra de la mitología griega: cortas una cabeza y aparecen varias más. La organización ya estaba preparada para continuar sin su fundador.

BB: Tú viajaste a Aguililla, Michoacán, y recorriste Naranjo de Chila, donde nació.

JLM: Encontré una comunidad marcada por el miedo. Muchas personas preferirían borrar de su memoria que ahí nació El Mencho. Es una región con una especie de paz impuesta por el crimen, una calma muy frágil. Recorrer esas calles permite entender el contexto en el que creció este personaje, pero también escuchar testimonios muy dolorosos de habitantes que han vivido durante años entre enfrentamientos, desplazamientos y violencia.

BB: ¿Cómo logras entrar en lugares controlados por el crimen organizado?

JLM: Para acceder, hay que establecer contactos. No hablo de complicidad ni de colaboración con grupos criminales, sino de generar condiciones mínimas de seguridad para poder realizar trabajo de campo. De otra manera, simplemente no entras. Es una realidad muy dura para quienes cubrimos seguridad. Hay territorios donde el Estado prácticamente ha dejado de ejercer el control y el periodista tiene que extremar precauciones.

BB: ¿Qué encontraste?

JLM: La enorme marginación. Son poblaciones con muy poca infraestructura, calles sin pavimentar, escuelas precarias y escasas oportunidades económicas. Muchas familias han vivido durante décadas del cultivo de marihuana o amapola, porque simplemente no existían otras alternativas para sobrevivir. Es una región marcada por las disputas entre organizaciones criminales desde hace años. Ahí puede entenderse buena parte del origen del CJNG y de grupos que le dieron vida.

BB: Llama la atención que tanto El Chapo Guzmán como El Mencho tuvieran niveles muy bajos de escolaridad.

JLM: Es un elemento que aparece de manera constante cuando uno estudia estas regiones. No se trata sólo de las decisiones individuales, sino del abandono histórico del Estado. Son zonas donde, durante décadas, la economía ilegal terminó convirtiéndose en la única opción de empleo para muchas familias. Desde los años cincuenta y sesenta, el cultivo de marihuana y amapola se normalizó como actividad económica. Esa realidad ayuda a explicar, aunque de ninguna manera justifica, cómo surgieron algunos de los principales líderes del narcotráfico.

BB: Un capítulo interesante se titula El día que conocí al Mencho.

JLM: Se hace a partir de una entrevista exclusiva con Margarito Flores, integrante de una organización de narcotráfico en Chicago que trabajó tanto con el Cártel de Sinaloa como con el entonces Cártel del Milenio. Él me describió cómo conoció a Rubén Oseguera cuando todavía no era el líder que después conocería el mundo. Lo recuerda como un hombre extremadamente violento, con un enorme rechazo a cualquier jerarquía y dispuesto a imponer su autoridad mediante el miedo.

Incluso cuenta un episodio muy poco conocido en el que El Mencho intervino para liberarlo durante un operativo en Puerto Vallarta, sometiendo a policías locales y presionando a las autoridades para evitar su captura. Es un testimonio que ayuda a entender la personalidad del personaje desde sus primeros años.

BB: Reconstruyes el operativo en el que murió El Mencho. ¿Qué encontraste?

JLM: Lo primero es que las autoridades sabían desde hacía tiempo dónde se encontraba. Vivía en Tapalpa, acudía regularmente al mismo sitio, recibía tratamientos médicos y sus comunicaciones estaban bajo seguimiento. La inteligencia financiera estadounidense ya había identificado desde años atrás buena parte de las empresas utilizadas para lavar dinero a través de la estructura de Los Cuinis. Es decir, la información existía. Por eso considero que durante mucho tiempo faltó voluntad política para actuar.

BB: Pero siguen existiendo muchas dudas sobre ese operativo.

JLM: Sí. Nunca se difundieron imágenes concluyentes, tampoco una explicación transparente sobre la necropsia ni una reconstrucción oficial detallada de los hechos. Existen distintas versiones sobre el momento exacto de su muerte y sobre si falleció durante el enfrentamiento o durante su traslado. La información oficial dejó demasiadas preguntas abiertas. Precisamente por eso el libro busca reconstruir, con el mayor rigor posible, quién fue realmente Rubén Oseguera Cervantes.

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