Era inminente que un mundial como el que se vivió en Estados Unidos el pasado verano lleno de controversias y muchísimas polémicas, traería repercusiones en todos los ámbitos que existen en el futbol. Desde lo más esencial que es lo deportivo, hasta todo lo relacionado a la geopolítica que emana desde la FIFA hacia todas las federaciones que existen en el orbe. Porque siempre será muy ingenuo aquel que crea que el futbol sólo es “veintidós locos persiguiendo una pelota” y que jamás debemos permitir que se mezclen temas de naturaleza política o económica con el futbol.
Gianni Infantino, hasta el día de hoy presidente de la FIFA, se encargó de representar una vez más, la metamorfosis del hombre que se vive desde los tres pilares que oscurecen a cualquier ser humano: la vanidad, la ambición y el poder. Lo más sorprendente es la inmediatez con la que el mandamás de la FIFA intentó envolver a todo el planeta de futbol tan sólo unas semanas después del final del mundial.
Probablemente, Infantino creyó que todo el mundo continuaba sobreestimulado por todas las emociones y por la sobredosis de futbol derivada de los 104 partidos que se desarrollaron en esta edición. Con dicho contexto, primero se anunciaba la posibilidad real de aumentar el número de participantes, so pretexto de ampliar la promesa a los países más chicos que aún sueñan con jugar un mundial. Pocos días después, llegaba la gran puñalada de Infantino al mundo del futbol: el plan de ceder la organización de la Copa del Mundo a manos de inversionistas privados.
Poco tiempo después de codearse con algunos de los empresarios más importantes del mundo y millonarios del mundo, incluido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la FIFA presentaba esta iniciativa con un pequeño chantaje o compensación de incluso 50 millones de dólares por cada federación que aceptara el plan, con la finalidad de seguir “desarrollando” el futbol en todos los rincones del planeta. Dicha propuesta tenía fecha de caducidad. En el barrio donde crecí eso suena más a un soborno, pero Infantino siempre tiene un discurso camaleónico.
La ruptura con UEFA, que de por sí ya había varias rencillas por temas como el Mundial de Clubes, era inevitable. Ante las locuras del emperador, Europa tomó el único camino posible, el de boicotear todo lo que huela a Infantino. Es así como hoy el mundo está dividido en dos, como en la Guerra Fria hace más de 70 años, y se abre un frente que todo apunta al fin de la era de Gianni Infantino al frente de la FIFA, pero no cabe duda que el suizo luchará hasta el final para mantenerse en el poder.
Incluso, a pesar de que la FIFA retiró de la mesa el plan de privatización del futbol y ofreció disculpas a todos porque todo fue “un error” de comunicación; UEFA, en conjunto con Concacaf (excepto la FMF que aún muestra lealtad a Infantino) y la Confederación Asiática de Futbol, responde con dureza a dicha publicación y dejó claro que el golpe final se dará en las elecciones a la presidencia de la FIFA planeadas para marzo de 2027 en Rabat, Marruecos. Por ahora, quedará como buen eslogan de campaña parte de la crítica del portugués Luis Figo con quien compartió palco durante el pasado mundial: “Podría escribir 10 mil palabras sobre los problemas de la FIFA. Pero la solución sólo requiere tres: Infantino debe irse”.
Se acerca la definición
