Cuando hablábamos de extorsión en México, imaginábamos a un delincuente prácticamente en solitario. Alguien que conseguía un teléfono, una lista de números y comenzaba a llamar al azar. Muchas de esas llamadas incluso salían de los reclusorios. Hoy, esas llamadas se hacen desde estructuras muy bien organizadas de los grandes grupos delincuenciales.
Es la extorsión que sufren diariamente los ciudadanos cuando reciben una llamada, un mensaje de WhatsApp o alguna otra comunicación con la que los delincuentes buscan engañarlos, amenazarlos o generarles miedo para conseguir que depositen dinero.
Muy probablemente usted ha recibido alguna de estas llamadas. Y las cifras lo confirman: la extorsión es hoy el único delito de alto impacto que va al alza en México.
CONTRA EL DELITO

De enero a julio de 2026 se registraron oficialmente seis mil 702 víctimas, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Eso equivale a 32 víctimas al día, una cada 45 minutos. En el mismo periodo de 2025 fueron siete mil cuatro, y en 2024, seis mil 358. Con el corte al primer semestre del año, la cifra ya representa el nivel más alto para un primer semestre en los últimos 11 años, con un incremento de 9.17% frente a 2025, de acuerdo con el Monitor de Seguridad de Coparmex.
Y ésas son solamente las víctimas que quedan registradas oficialmente. Casi no se denuncia el delito de extorsión: el Inegi estima que 97% de los casos no se denuncia ni se registra. Además, hay otro componente: quien es extorsionado se siente engañado, avergonzado.
Lo cierto es que la manera en que estos delincuentes logran su cometido es impresionante. Cualquiera, hasta el más preparado, puede caer.
El fenómeno tampoco se concentra en un solo lugar del país. Durante el primer semestre de 2026, 19 entidades registraron un aumento de víctimas respecto al año anterior, y en 12 de ellas se alcanzaron máximos históricos. Hay estados donde el crecimiento ha sido brutal: Zacatecas, con 551 por ciento, y Tabasco, con 184 por ciento.
Y si medimos el riesgo por cada 100 mil habitantes, entre los estados peor parados están Morelos, Zacatecas y Baja California Sur. El municipio con la tasa más alta de todo el país es Cuautla, Morelos.
Detrás de muchas de estas llamadas ya no necesariamente hay un delincuente aislado. Cada vez encontramos estructuras más organizadas, con personas dedicadas a realizar llamadas, enviar mensajes y buscar víctimas que, mediante el miedo o el engaño, terminen entregando su dinero. Y el canal ya cambió: siete de cada 10 extorsiones se cometen hoy por Internet, redes sociales o teléfono, de acuerdo con la nueva metodología del Registro Nacional de Incidencia Delictiva.
Ahora, la mayoría de estos extorsionadores cuentan con muchas más herramientas: computadoras con programas sofisticados que pueden usar Inteligencia Artificial para clonar imágenes y voces. Así que lo que antes era la típica llamada de: “Tía, estoy detenido”, “Mamá, tuve un accidente”, “Me agarraron en la carretera”, ahora lo hacen con imagen y voz clonada.
La extorsión se ha convertido en uno de los grandes retos de seguridad del país. El propio Gobierno federal puso en marcha una Estrategia Nacional contra la Extorsión, respaldada desde noviembre de 2025 por la nueva Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar la Extorsión, que incluye la cancelación de líneas telefónicas utilizadas para cometer el delito y la creación de unidades especializadas en las fiscalías estatales. Entre julio de 2025 y julio de 2026 fueron detenidas mil 847 personas por este delito en 24 estados.
Pero quizá una de las mejores muestras de cómo se ha transformado este negocio criminal son los llamados call centers.
En enero de este año, en Ecatepec, Estado de México, policías municipales y elementos de la Marina localizaron un inmueble en la colonia Francisco I. Madero que presuntamente funcionaba como un centro de llamadas desde donde se realizaban extorsiones. Las autoridades detuvieron a tres personas y las primeras investigaciones relacionaron el lugar con La Chokiza, grupo delictivo cuyo líder había sido detenido meses antes.
Ya no era simplemente un hombre con un teléfono haciendo llamadas desde cualquier lugar. Existía un inmueble destinado presuntamente a esa actividad, como hay cientos en todo el país.
Para abril de este año se llevó a cabo en el Estado de México la Operación Desconexión, un operativo dirigido contra estructuras dedicadas a la extorsión a través de llamadas telefónicas, mensajes, páginas de Internet, aplicaciones y esquemas de préstamos abusivos. El resultado da una idea de la dimensión que pueden alcanzar estas redes: fueron asegurados 192 inmuebles relacionados con call centers y centrales de préstamos, y fueron detenidas 102 personas, entre mexicanas y extranjeras.
Estamos hablando de estructuras que pueden tener personal dedicado a llamar, mandar mensajes, buscar víctimas, administrar información y conseguir que el dinero llegue finalmente a manos de los delincuentes.
Desde la pandemia, la extorsión creció mucho. Hoy tenemos información en nuestros teléfonos, hacemos operaciones bancarias desde ellos, compramos, trabajamos y nos comunicamos con nuestra familia. Además, exponemos una enorme cantidad de información en redes sociales. Hay que ser sumamente cautelosos.
Hoy, los delincuentes pueden conseguir bases de datos y saber nuestro nombre, dónde trabajamos o quiénes son nuestros familiares. Pueden estudiar nuestras redes sociales antes de contactarnos. Y con las nuevas herramientas de Inteligencia Artificial pueden incluso clonar voces y manipular imágenes para hacer mucho más creíble un engaño.
La extorsión, además, dejó de limitarse a una llamada telefónica. De noviembre de 2025 a julio de este año, solamente la Unidad Antiextorsión de Michoacán atendió a dos mil 805 víctimas y logró desactivar dos mil 374 llamadas. Según las autoridades estatales, esas intervenciones evitaron que las víctimas entregaran más de 269 millones de pesos.
Durante décadas, los grandes grupos criminales mexicanos hicieron fortunas principalmente produciendo, transportando y vendiendo drogas. Hoy han diversificado sus negocios, y la extorsión, que termina afectando a la gran mayoría de los mexicanos, es uno de los negocios ilícitos más rentables y, además, con menor riesgo para los criminales, ya que las penas suelen ser mucho menores.
Con un mundo digital, extorsionar es cada vez más fácil. Cada persona con un teléfono celular, una cuenta bancaria, un correo electrónico o una red social puede convertirse en una potencial víctima.
Ése es quizá el cambio que debemos entender. El extorsionador que durante años imaginamos solo, haciendo llamadas al azar desde un teléfono, sigue existiendo. Pero junto a él han crecido estructuras criminales mucho más sofisticadas, capaces de utilizar call centers, bases de datos, redes sociales, aplicaciones de mensajería e Inteligencia Artificial.
La extorsión dejó de ser solamente un delito artesanal. Para distintas organizaciones criminales se ha convertido en un modelo de negocio. Y hoy todos podemos estar expuestos.

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