COLUMNA INVITADA

¿El punto final de Yayoi?

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COLUMNA INVITADA Foto: La Razón de México

@Yaloani_M

¿Recuerdas las largas filas que se hicieron en el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo para tomarse una foto en un cuarto lleno de espejos y puntos infinitos? Fueron por la exposición de Yayoi Kuzama: “Obsesión infinita”.

De acuerdo con una publicación de Mercado 2.0, durante cuatro meses asistieron 335 mil personas a enfrentarse a la repetición. ¿De qué? Las respuestas son justamente infinitas, pues son personales: ideas, conflictos, historias, problemas, errores, recuerdos, emociones… multiplicándose frente al visitante. La muestra fue un éxito: hermosa y apabullante al mismo tiempo.

Era 2014 cuando llegó la exposición a Chapultepec, un año como todos los años, con mil historias que se diluyen como los espejos de Yayoi, que parecen repetirse como sus puntos y deformarse como sus calabazas.

Hoy me voy apoyar de tres de ellas para ver más allá del aparente punto final de Yayoi y dar continuidad a lo que ella esperaba, según lo declarado en una entrevista para el Tate Museum: “Después de terminar mi vida, me gustaría seguir contándole a la posteridad sobre mi forma de arte”.

Historia 1:

Yayoi nació en 1929 en Japón; la Segunda Guerra Mundial fue parte de su contexto. Al igual que otros niños de su edad, fue reclutada por una fábrica textil militar para coser paracaídas para el ejército japonés. Conoció el dolor de la guerra.

En 1968 protestó frente a Wall Street en contra de la Guerra de Vietnam como parte de su serie de happenings “Anatomic Explosion”, los cuales acompañó con una carta dirigida al entonces candidato a la presidencia, Richard Nixon, para ayudarlo a descubrir la verdad desnuda:

“Nuestra Tierra es como un pequeño lunar entre millones de otros cuerpos celestes, una gran urbe llena de hostilidad y conflictos en medio de una esfera de silencio y paz. Vamos a cambiar usted y yo todo eso y hacer el mundo un nuevo jardín del Edén”.

(…) mi más querido Richard (…). Usted no puede erradicar la violencia usando más violencia”.

La guerra continuó.

A días de inaugurar la exposición en la Ciudad de México, el 11 de septiembre en Nueva York se inauguraba el 9/11 Memorial Museum: un museo que pone el acento en el dolor que vivió una comunidad como consecuencia de enfrentamientos armados.

¿Cuántas guerras hay hoy?

Historia 2:

Como cualquier joven, Yayoi tenía muchas preguntas y críticas hacía el mundo que habitaba, y uno de sus blancos fue el mercado del arte. Por ello, no dudó en asistir a la 33 Bienal de Venecia de 1966 a presentarse sin invitación con su instalación “Narcissus Garden”.

Se colocó afuera de uno de los pabellones con 1,500 esferas espejeadas que distorsionaban la imagen; su principal función era confrontar la vanidad y el ego de quien miraba. Para redondear su idea, Yayoi se puso un kimono y comenzó a ofrecer estas bolas de espejo a 2 dólares: estaba denunciando la especulación del mercado.

En 2014, un mes después de la inauguración del Tamayo, el edificio emblemático de la Fondation Louis Vuitton en París abrió sus puertas. Esta fundación afirma que “se compromete a hacer que el arte y la cultura sean accesibles para todos”. En 2023, realiza Yayoi su segunda colaboración con la casa de lujo francesa: los puntos llenaron las bolsas, las tiendas insignia se convirtieron en intervenciones arquitectónicas impresionantes y hasta una aplicación digital invitó a los usuarios a adentrarse en su obra.

En 2025 encabezó la lista de arte global de Hurun (un ranking anual que mide a los multimillonarios en dólares de todo el planeta) con 159 millones de dólares.

¿Cuánto valen hoy esos Narcissus?

Historia 3:

Brincarse la barda y hablarle de “tú” a políticos, instituciones y gente en el poder económico fue el sello de Yayoi. Y aunque en la actualidad nos parezca una conducta propia de una joven de los años 60, no hay que olvidar que era japonesa, de un país donde, hasta el día de hoy, el orden y las jerarquías son rutina.

Un día de 1969 se despertó y decidió sacudir a su propio gremio y al mundo que observaba: “¿pero esto es arte?”. Esta pregunta apareció en el Daily News el 25 de agosto de ese año, ilustrada con una fotografía de gente desnuda dentro de una las fuentes del MoMA, interactuando con una de las esculturas del artista francés Aristide Maillol.

El happening que obviamente no estaba autorizado se tituló “Grand Orgy to Awaken the Dead at MoMA”, y su objetivo principal era criticar “al MoMA como un depósito de arte “muerto” que necesita más activaciones de artistas vivos”, apunta el propio museo en su página oficial. Tres décadas más tarde, el mismo recinto albergaría la retrospectiva “Love Forever: Yayoi Kusama 1958–1968”.

En 2014, en México, el Museo de Arte Moderno cumplía 50 años de haber sido inaugurado y dar cabida a artistas como Remedios Varo, Ángela Gurría, María Elena Delgado, Ana Pellicer y María Elena Delgado.

¿Cómo ven los artistas vivos a nuestros museos?

Hoy, a días de su muerte en 2026, me preguntó: ¿cuántos puntos encontró que se repetían infinitamente? Puntos que se repetían en forma de guerras, especulaciones económicas, preguntas que ponen al filo la moralidad, la ética, la identidad, y la razón de existir.

Y espero que, entre tanto punto, haya logrado el objetivo que apuntó en su autobiografía Infinity Net: “Yo quería examinar el único punto que era mi propia vida”.


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