La llamada 4T está pasando por un momento crítico. Está metida en líos que la colocan bajo severos cuestionamientos de los principios de su proyecto. Les está pasando aquello de que no vayan a terminar en lo que dijeron en innumerables ocasiones que nunca serían.
La corrupción y la ostentación está en su día tras día. Que respondan a ello no significa que hablen con verdad. Se adelantan en la narrativa en medio de señalamientos que están a la vista ciudadana.
La forma en que han venido contestando a los señalamientos sobre su ostentación, es prueba de que quieran hacer normal la corrupción, la complicidad y las preferencias con ciertas empresas.
Por más que tengan controlada la narrativa, los ciudadanos, a pesar de su militancia morenista, se han venido dando cuenta de las muchas contradicciones en las que vienen cayendo las cúpulas de la 4T.
Es cuestionable cómo toman sus decisiones, para ello invariablemente refieren a que es “el pueblo, el que decide”, cuando es claro que es la élite gobernante y partidista la que va dirigiendo el tránsito. Han impuesto en su narrativa la idea de que los gobernantes del oficialismo son la personificación del “pueblo”.
No se ve por ahora cómo pueda todo esto trascender en las decisiones del electorado. La marca sigue siendo importante y los programas sociales le dan a la 4T un margen de maniobra que le permite superar sus contradicciones.
El problema que tienen es que tarde que temprano llegarán las consecuencias. Por ahora, muchos elementos les facilitan andar nadando de pechito en medio de escenarios que evidencian el cúmulo de contradicciones.
La 4T tiene el control de la narrativa, lo cual le permite moverse ante la opinión pública sin que aparezcan sus problemas como un elemento para el desarrollo de su proyecto.
A más de algún funcionario y gobernante se les están apareciendo lamentables actos de corrupción, que en la plena contradicción acaban por esconderlos o por justificarlos, lo cual incluye a la Presidenta, quien termina por tener invariablemente respuestas a actos evidentes de corrupción.
El costo de haber acercado a personajes cuestionables con tal de ganar las elecciones les está saliendo cada vez más caro. Por más que controlen la narrativa respecto a algunos de ellos, hay pruebas evidentes de que tienen nexos con la delincuencia organizada, lo cual termina siempre por tener un costo.
Podrán por ahora superar la contradicción, pero cada vez están apareciendo más señalamientos que colocan a algunos de ellas y ellos ante la evidencia de esta relación.
La forma en que se ha manejado el caso Rocha Moya, a pesar de que se la haya pasado de saltimbanqui en la gubernatura, sigue bajo la perspectiva de que todo indica que no pasa nada.
Se quedó como gobernadora quien fue su secretaria de Educación y Cultura, y como la casi segura próxima gobernadora, quien si bien ha manifestado relativa distancia, dentro de lo políticamente correcto, fue compañera de fórmula en el Senado del susodicho.
Rocha Moya, que todo indica conoce las muchas entrañas de todas y todos, lo que le da un margen de maniobra que le permite ir y venir y hasta bailar en Badiraguato.
Todo lo que está pasando va a terminar por tener repercusiones. Podrán gobernar algunos años más, quizá menos de los que imaginan, pero el problema es que todos estamos en el mismo barco, lo cual lleva a que las repercusiones no sólo recaigan en quienes gobiernan, porque al final nos van a alcanzar a todos.
Seguirán defendiendo a los suyos mientras lanzan el aparato contra sus adversarios; sin embargo, deberían saber que en cualquier momento se les va a derramar la cubeta.
RESQUICIOS.
Trump logró en Venezuela lo que se propuso desde tiempo atrás. El secuestro del impresentable Maduro era parte de la fórmula. EU, con las reservas del petróleo venezolano, se convirtió en el país con mayores reservas del mundo mientras en el país sudamericano todo sigue igual.
México importa su maíz
