Desde 2025, el gobierno cubano está persuadiendo y presionando a algunos de sus aliados internacionales para que Cuba sea admitida como miembro de pleno derecho en los BRICS. Esta alianza, creada en 2010, por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, acaba de celebrar su cumbre número 18 en Nueva Delhi. La presión a favor de Cuba es inexplicable sin el colapso bolivariano.
Cuando aquel proyecto del Sur Global surgía, durante el segundo mandato de Lula da Silva en Brasil, al gobierno de Fidel Castro no le interesaba un ingreso a esa reunión de grandes capitalismos emergentes. En La Habana se pensaba que con el subsidio petrolero de la Venezuela de Hugo Chávez era suficiente para retener y perpetuar el poder en Cuba.
Quince años después, las cosas habían cambiado dramáticamente, ya que la dependencia energética del régimen de Nicolás Maduro comenzaba a ser irrentable, por la propia caída en la productividad de PDVSA y la inestabilidad y desconfianza que generaba el gobierno de Caracas. Para 2024, cuando la reelección impuesta de Maduro favoreció el aislamiento y el declive del bloque bolivariano, se hizo visible la revaloración de los BRICS desde La Habana y Caracas.
Todavía en 2025, el intento de ingreso a los BRICS era compartido por los gobiernos de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel. En octubre de 2024, Maduro viajó a Moscú a una reunión de ese foro, en el que pidió a Vladimir Putin ayuda para su admisión en la alianza. Cualquiera que haya sido el esfuerzo de Rusia, entre 2024 y 2025, nunca se verificó la entrada de Venezuela a los BRICS.
Sin el respaldo de Venezuela, Cuba continuó durante los dos últimos años ejerciendo presión para ser admitida. Como en el caso venezolano, la puerta a la que llamaba La Habana no era la brasileña o la china sino la rusa. Sin embargo, Moscú, hasta hoy, no ha dado una respuesta clara a favor de la admisión de Cuba. La Habana está endeudada con Rusia y dos proyectos de involucramiento de Moscú en la economía cubana, el de Titov en 2023 y el de Chernyshenko en 2025, por lo visto, han fracasado.
A pesar de lo que dan por hecho medios y redes oficiales, las declaraciones más recientes de Dmitri Peskov no anuncian el ingreso de Cuba como miembro pleno de los BRICS, sino el apoyo de Moscú “a las aspiraciones de Cuba de sumarse al trabajo en el marco” de ese foro global. Mientras no se cumpla con Cuba un proceso como el de la ampliación de los cinco nuevos miembros en 2024, no habrá ingreso al grupo.
Los nuevos miembros que se incorporaron plenamente a los BRICS, en 2024, fueron Egipto, Emiratos Árabes, Etiopía, Irán e Indonesia. Con esa ampliación, que incluye economías de mucho menos volumen que las fundadoras y algunos gobiernos de tendencia autoritaria, las posibilidades de incorporación de Cuba han aumentado.
Con todo, frente a cada uno de los miembros de esa alianza, incluidos los cinco nuevos, la economía cubana sigue resultando demasiado pequeña, cerrada y decreciente para un foro como los BRICS. Dado el déficit crónico de energía de la isla, muy probablemente se buscaría, antes que nada, abastecer de combustible a Cuba.
Tal y como está la reconfiguración geopolítica mundial, si los BRICS deciden avanzar por ese camino tendrán que entablar algún tipo de negociación con Estados Unidos para rebajar aranceles. Mientras Donald Trump esté en la Casa Blanca y Marco Rubio en el Departamento de Estado, esa negociación no sólo resultaría extremadamente difícil sino altamente improbable.
A todo esto, se suma la incertidumbre electoral en Brasil, donde una derrota o un triunfo demasiado cerrado de Lula da Silva, en la contienda de octubre, produciría una nueva pérdida de intensidad en el liderazgo de Brasilia dentro de los BRICS. Si gana la derecha en las elecciones, Flavio Bolsonaro, como su padre, no retirará a Brasil de los BRICS, pero le dará menos centralidad en la política exterior brasileña y, seguramente, se opondrá al acceso de Cuba a ese foro.
El miedo hace el trabajo completo…
