VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Delcy en Nueva York

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, viajó a Nueva York a la Asamblea General de Naciones Unidas. Durante su estancia, del lado de Manhattan del puente de Brooklyn, ella y su delegación económica se reunieron con la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, quien ofreció estudiar la apertura de líneas de créditos a favor de la economía venezolana.

Delcy y su equipo también se reunieron con Donald Trump, quien, cada vez que puede, llena de elogios a la mandataria chavista, cuyo cargo no ha sido refrendado por las urnas. Rodríguez ya es presentada por Telesur y otros medios oficiales de Caracas como la “presidenta de la República Bolivariana de Venezuela”, pero su mandato, como el de Dina Boluarte entre 2022 y 2025 en Perú, se debe a que era la vicepresidenta de un mandatario derrocado.

Rodríguez hablará el jueves en la plenaria de la ONU. Muy probablemente sostenga, como ha dicho a su llegada a Nueva York, que Venezuela es un país de paz y agradecerá a Trump el inicio de una normalización diplomática que ha reportado a Estados Unidos un acceso privilegiado al petróleo venezolano.

El papel de Rodríguez ha sido fundamental en la desarticulación del bloque bolivariano, aunque el carácter represivo y autoritario del régimen madurista se mantiene incólume.

En las reuniones preliminares con el secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, Rodríguez ha preservado un discurso alineado con demandas de estabilidad, cooperación y entendimiento con Estados Unidos. Se trata de un discurso que mantiene el poderoso desplazamiento retórico que ha dado el gobierno de Caracas desde el arresto de Nicolás Maduro.

La República venezolana sigue llamándose “bolivariana”, pero su lenguaje público no está articulado en torno al antiimperialismo, a la resistencia, a la hegemonía de Estados Unidos o a la promoción del socialismo del siglo XXI.

En redes sociales de activistas del bloque bolivariano, partidarios de los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua, donde se ha denunciado la “traición de Delcy”, se especula, en estos días, si la mandataria utilizará el foro de la Asamblea Nacional para deshacerse de la máscara trumpista y recuperar su identidad chavista. Se pronostica, o se desea, que Delcy pida la libertad de Nicolás Maduro o que, incluso, vaya a visitarlo a la cárcel, al otro lado del East River.

Sería, en efecto, muy sorprendente ese gesto teatral en la sede de la ONU. Pero tal vez, sin tanto dramatismo, Delcy Rodríguez converse con la plana mayor trumpista sobre el destino de Maduro y, luego, de vuelta a Caracas, presente cualquier gestión como un triunfo diplomático.

Lo que parece más difícil es que dé marcha atrás a la nueva dependencia estructural de Estados Unidos, específicamente en el sector energético, que ha concretado su gobierno. Esa conexión orgánica con la economía estadounidense —más que el Escudo de las Américas— es la clave del aterrizaje de la Doctrina Donroe en América Latina y el Caribe.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón

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