ACORDES INTERNACIONALES

La palabra del aliado

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

El 19 de septiembre, Arabia Saudita confirmó que los hutíes habían intentado alcanzar Riad con un misil balístico, el primero contra la capital desde que se intensificaron los combates. La coalición encabezada por el reino aseguró haberlo interceptado. Ese mismo día, el canciller turco, Hakan Fidan, ofreció atender las necesidades militares saudíes, especialmente las técnicas. Habló de asistencia y guardó silencio sobre las tropas.

Un ataque con misiles obliga a medir qué significa, en los hechos, la palabra aliado. El 7 de agosto, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron en La Meca un acuerdo que trata cualquier ataque armado contra uno de ellos como un ataque contra los tres. El 31 de agosto, en Estambul, acordaron una secretaría con sede en Riad, encabezada al inicio por un pakistaní, y se declararon abiertos a nuevos miembros.

Quien busque en el pacto una OTAN musulmana encontrará una semejanza inesperada: el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte también deja a cada Estado decidir qué acción considera necesaria. La discrecionalidad es la regla de toda defensa colectiva. A la alianza de La Meca le quedan pendientes otras cosas: planes operativos conjuntos y, según analistas, la ratificación en los parlamentos turco y pakistaní.

La cautela de los socios tiene un nombre: Irán. Los hutíes, alineados con Teherán, abrieron contra el reino un frente de la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron en febrero, y Turquía y Pakistán comparten frontera con la República Islámica. Defender Riad frente a los hutíes puede equivaler a entrar en esa guerra. Fidan lo dijo sin rodeos: es inaceptable que el reino sea arrastrado a ella.

Pakistán exhibe la tensión con sus propias palabras. El 10 de septiembre, su cancillería afirmó que ninguna respuesta militar estaba en discusión y que Islamabad actuaría cuando llegara el momento. Una semana después, tras un dron hutí lanzado contra La Meca, su vocero militar prometió defender al reino hasta cualquier extremo, incluso físicamente. ¿Quién decide cuándo llega ese momento?

El suministro de armas, la asistencia técnica y la operación conjunta comprometen capacidades distintas y exponen de modo diferente a quien ayuda. Una ayuda limitada puede proteger instalaciones y reducir daños sin convertir a Ankara ni a Islamabad en beligerantes frente a Teherán.

Toda alianza arrastra dos miedos: el del país atacado, a quedarse solo, y el de sus socios, a quedar atrapados en una guerra ajena. La alianza de La Meca administra ambos con ambigüedad; y dicha ambigüedad es, precisamente, su instrumento. Su primera prueba consiste en separar la defensa del territorio saudí de la entrada en la guerra contra Irán.

Para Riad, la pregunta inmediata es qué ayuda recibirá mientras sus baterías interceptan misiles. Para sus socios, la pregunta es cuánto de la guerra del aliado están dispuestos a hacer suya. Allí se mide la palabra aliado.

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