BAJO SOSPECHA

De Ucrania a los cárteles mexicanos

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Los cárteles mexicanos se preparan para una guerra con drones, y quienes los entrenan aprendieron en Ucrania. Así lo revela una evaluación interna del gobierno de Estados Unidos que publicó este 22 de septiembre The Washington Post, en un reportaje firmado por Alex Horton, Samantha Schmidt y Warren P. Strobel.

El diario reconstruyó con entrevistas a cinco funcionarios estadounidenses y uno mexicano, que hablaron bajo condición de anonimato, y dicen que ni las autoridades antinarcóticos de México ni las de Estados Unidos están preparadas para lo que viene.

De acuerdo con esas fuentes, los cárteles han usado dinero y coerción para reclutar a combatientes, sobre todo colombianos, que regresan de la guerra entre Rusia y Ucrania.

MUTA LA GUERRA

Un soldado ucraniano alista un dron para lanzarlo hacia Rusia, el sábado 19 de septiembre.
Un soldado ucraniano alista un dron para lanzarlo hacia Rusia, el sábado 19 de septiembre. ı Foto: AP

También envían a sus propios “afiliados” al frente con contratos de un año y, en algunos casos, amenazan a sus familias para asegurar que vuelvan. Un funcionario citado por el Post estima que esas tácticas se aplicarán en los próximos meses.

Otro funcionario de inteligencia mexicano, en entrevistas con el Washington Post, aseguró que al menos un cártel mexicano tiene drones de seis a ocho hélices, capaces de volar durante horas y cargar más de 68 kilos.

En el artículo se señala que otro grupo envió personal a China para comprar aparatos que pueden equiparse con rifles. Los especialistas colombianos, según esta misma fuente, reciben fuertes sumas de dinero y son traídos a México para entrenar a grupos de “droneros”.

Colombia ya vive ese escenario. De acuerdo con el monitor de conflictos ACLED, los incidentes violentos con drones armados pasaron de 38 en 2024 a 149 en 2025. A principios de septiembre de este año ya superaban los 200.

Hace unas semanas, entre el 24 de agosto y el 4 de septiembre, Estados Unidos utilizó láseres de alta energía en la frontera entre México y Estados Unidos para derribar 11 drones que, según mandos militares, estaban “vinculados a cárteles”.

Por lo pronto, el Departamento de Estado aseguró que trabaja con Ucrania para mitigar la transferencia de habilidades del campo de batalla. ¿Pero por qué los grupos criminales quieren aprender de lo que ha sucedido en la guerra entre Ucrania y Rusia? Porque los drones cambiaron la guerra.

La invasión rusa a gran escala comenzó el 24 de febrero de 2022. En aquellos primeros días parecía que Rusia, con uno de los ejércitos más poderosos del mundo, podría tomar rápidamente el control de Ucrania. No ocurrió así. Han pasado más de cuatro años y medio y la guerra continúa.

Ucrania ha tenido que enfrentar a un adversario con mayores recursos militares, más soldados y una enorme capacidad de fuego. Pero ha encontrado en la tecnología una manera de reducir, al menos parcialmente, esa diferencia.

Los drones cambiaron las reglas del juego. Ucrania comenzó utilizando drones relativamente económicos para observar posiciones rusas, dirigir la artillería y atacar vehículos y tropas en el frente.

Después llegaron los drones FPV, pequeños aparatos manejados prácticamente como si el operador estuviera dentro de ellos, observando en tiempo real hacia dónde vuelan. Hoy pueden buscar objetivos específicos y atacar con una precisión que hace algunos años requería armamento muchísimo más costoso.

Ucrania después mandó cientos de drones a Rusia y eso cambió la guerra. Uno de los ejemplos más impresionantes ocurrió el 1 de junio de 2025 con la llamada Operación Telaraña. Fue preparada durante aproximadamente 18 meses. Los servicios de seguridad ucranianos introdujeron drones en territorio ruso y los escondieron en contenedores de madera transportados en camiones. Una vez colocados cerca de bases aéreas rusas, los techos de esos contenedores se abrieron de manera remota y desde ahí despegaron 117 pequeños drones FPV.

El ejército ucraniano con los drones pudo acceder a suelo ruso. Ucrania pudo atacar instalaciones militares en lo profundo del territorio ruso utilizando aparatos relativamente pequeños y baratos. Los objetivos fueron aviones militares rusos, incluidos bombarderos estratégicos utilizados para lanzar ataques contra Ucrania. Algunos de los blancos estaban a miles de kilómetros del frente, incluso en Siberia.

Y los ataques no se detuvieron. El pasado 16 de agosto, Ucrania realizó uno de los mayores ataques aéreos contra Rusia desde que comenzó la guerra. El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber interceptado 822 drones ucranianos. El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, informó que alrededor de 600 aparatos fueron dirigidos hacia la capital.

Estamos hablando de cientos de drones volando prácticamente al mismo tiempo.

Uno de ellos alcanzó un centro logístico de Wildberries, el gigante ruso de comercio electrónico conocido como el “Amazon ruso”, en Koledino, cerca de Podolsk, unos 45 kilómetros al sur de Moscú. El ataque provocó un enorme incendio. Ucrania sostiene que estos centros logísticos también están vinculados con suministros utilizados por el aparato militar ruso. Hoy, la guerra ya no se mantiene en las fronteras de Rusia, como había estado sucediendo: llegó hasta Moscú.

Pero Rusia también ha desarrollado y perfeccionado su propia guerra de drones. Moscú responde con enormes oleadas de drones y misiles contra territorio ucraniano. Ese mismo fin de semana, mientras Ucrania atacaba Rusia, las fuerzas del Kremlin golpearon distintas regiones ucranianas.

En Krivói Rog, ciudad natal del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, fueron alcanzadas instalaciones de una importante planta siderúrgica; también hubo ataques en Kiev, Zaporiyia, Sumy y otras regiones.

Rusia, además, ha desarrollado drones conectados mediante fibra óptica. A diferencia de los aparatos que dependen exclusivamente de señales de radio, estos drones son mucho más resistentes a los sistemas de guerra electrónica que intentan interferir o cortar la comunicación entre el operador y el aparato. Es una carrera permanente: aparece una tecnología para atacar y casi inmediatamente comienza a desarrollarse otra para neutralizarla.

En las guerras ya no se necesitan únicamente aviones de combate de cientos de millones de dólares para golpear un objetivo estratégico. Un pequeño dron cargado con explosivos puede destruir un vehículo militar, alcanzar un depósito de combustible o incendiar una instalación logística. Y cientos de ellos, lanzados simultáneamente, pueden obligar a utilizar costosos sistemas antiaéreos para tratar de detenerlos. Hoy, los ataques de largo alcance ucranianos están llegando a los alrededores de Moscú, incendian almacenes, obligan a activar las defensas aéreas y afectan aeropuertos e infraestructura. La guerra deja de ser algo que sucede únicamente del otro lado de la frontera.

Eso no significa que Ucrania esté ganando la guerra. Rusia conserva enormes ventajas militares y Ucrania continúa sufriendo ataques devastadores y un costo humano altísimo. Pero sí demuestra algo que seguramente ya estudian todos los ejércitos del mundo: las guerras están cambiando.

Hoy, un ejército más pequeño puede utilizar tecnología relativamente barata, inteligencia, drones y operaciones encubiertas para golpear objetivos que antes parecían inalcanzables.

Y eso es justo lo que los grupos criminales en México están buscando: crear su propio ejército con tecnología. Ahí está el riesgo.

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