BRÚJULA ECONÓMICA

Dos ciclos, dos políticas monetarias

Arturo Vieyra<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

La decisión del Banco de México de mantener su tasa de referencia en 6.50%, mientras la Reserva Federal estadounidense la incrementó, responde a una diferencia fundamental: ambas economías atraviesan etapas distintas del ciclo económico. Esta asimetría explica la divergencia de sus políticas monetarias y el papel del tipo de cambio como variable de ajuste.

En Estados Unidos, el mayor dinamismo de la producción y de la demanda, junto con las presiones inflacionarias provenientes de los energéticos, plantea condiciones para una política monetaria más restrictiva. En México, aunque la actividad se ha recuperado, su expansión sigue siendo moderada y persiste capacidad productiva sin utilizar plenamente. Por ello, la demanda interna ejerce menores presiones sobre los precios.

Estas condiciones ofrecen un argumento a favor de reducir la tasa mexicana, siempre que la trayectoria de la inflación lo permita. Un menor costo del crédito estimularía el consumo y la inversión, fortaleciendo la recuperación. Seguir automáticamente los aumentos de la Fed de Estados Unidos, en cambio, encarecería el financiamiento en una economía cuya demanda todavía necesita fortalecerse. La Junta de Gobierno reconoce esta asimetría en su comunicado de septiembre y señala que la política monetaria mexicana no tendría que reaccionar mecánicamente a los ajustes previstos de la Fed.

Sin embargo, esa autonomía enfrenta restricciones. Cuando aumenta la tasa estadounidense y permanece constante la mexicana, se estrecha el diferencial de rendimientos entre ambos países. Esto puede reducir el atractivo relativo de los activos en pesos y generar presiones de depreciación, cuya magnitud también depende de las expectativas, los flujos de capital y la percepción de riesgo.

El régimen de tipo de cambio flexible permite absorber parte de ese cambio en las condiciones financieras externas, sin exigir un incremento equivalente en la tasa doméstica. El ajuste tiene efectos contrapuestos: una depreciación puede mejorar la competitividad de algunos sectores exportadores, pero también encarece insumos y bienes importados. Por lo tanto, la flexibilidad cambiaria amplía el margen de respuesta de Banxico, aunque no elimina sus riesgos inflacionarios.

Además, el movimiento reciente del peso debe evaluarse considerando su valuación. De acuerdo con nuestro modelo de tipo de cambio real, la depreciación observada todavía no elimina la sobrevaluación de la moneda: el nivel de equilibrio se ubicaría alrededor de 18.60 pesos por dólar. Se trata de una referencia analítica, no de un pronóstico con fecha determinada. Una depreciación adicional sería compatible con esa estimación, aunque su velocidad y transmisión a los precios seguirían siendo relevantes para la política monetaria.

El dilema de Banxico consiste, entonces, en conciliar las necesidades internas con las restricciones externas. La holgura económica y el descenso de la inflación subyacente favorecen considerar nuevos recortes, pero el balance de riesgos inflacionarios continúa sesgado al alza por las presiones de costos, los conflictos geopolíticos y una posible depreciación del peso.

Si la Fed continúa elevando su tasa, una reducción en México estrecharía aún más el diferencial de rendimientos y podría intensificar el ajuste cambiario. Aunque tasas más bajas ayudarían a la recuperación, el margen para reducirlas sería limitado. Mantener la tasa permite evitar una restricción adicional sobre la economía mientras Banxico evalúa si la inflación y el tipo de cambio ofrecen condiciones para flexibilizar su política.

Una tasa de interés menor sería favorable para la recuperación mexicana, pero su viabilidad dependerá de que continúe la desinflación y el ajuste del peso preserve la estabilidad de las expectativas. Bajo condiciones externas más restrictivas, prolongar la pausa parece razonable. Banxico puede seguir una trayectoria propia: la decisión dependerá de cómo interactúen demanda, inflación y tipo de cambio en México.

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