COLUMNA INVITADA

15 años

Ricardo Monreal *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Quince años no parecen tantos hasta que uno recuerda cómo fue que llegamos hasta aquí. Morena nació como una organización abanderada por el pueblo, que buscaba abrirse paso en un escenario dominado por las inercias de un periodo neoliberal de más de tres décadas.

No ha sido fácil: hubo derrotas, descalificaciones, campañas en contra y muchas voces que aseguraban que nuestro movimiento no llegaría lejos, pero llegó. Y no solamente llegó, sino que ganó la Presidencia de la República, construyó mayorías, gobierna entidades y municipios y, sobre todo, convirtió muchas de las causas sociales en políticas públicas.

El punto de quiebre fue 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador llegó a la primera magistratura del país con el claro mandato de poner primero a las y los pobres, a quienes el modelo neoliberal relegó durante décadas. Habló de crecimiento mientras millones de mexicanas y mexicanos seguían en el olvido.

La Cuarta Transformación cambió prioridades. Las pensiones para personas adultas mayores, las becas para jóvenes, los apoyos para personas con discapacidad, los programas para el campo y otras políticas sociales comenzaron a entenderse como derechos constitucionales. Al mismo tiempo, se recuperó la idea crucial de que el Gobierno debe estar al servicio del pueblo.

Hoy, con la doctora Claudia Sheinbaum, la primera Presidenta en la historia del país, ese proyecto de nación continúa y también enfrenta nuevos desafíos. La mandataria ha mantenido la ruta de ampliar derechos y fortalecer el bienestar, pero lo hace en un México distinto del de hace años, con nuevas exigencias y con una ciudadanía que espera más y mejores resultados.

Reitero, no ha sido sencillo; las inercias del periodo neoliberal no desaparecieron de un día para otro. Tampoco se extinguieron las resistencias de quienes durante mucho tiempo estuvieron acostumbrados a que las decisiones públicas beneficiaran a unos cuantos. Transformar un país implica cambiar prioridades y también formas de entender la política.

Quizá por eso resulta significativo que nuestro movimiento se haya convertido en un importante referente, más allá de nuestras fronteras. Las políticas de bienestar, la reducción de la pobreza y una nueva relación entre pueblo y Gobierno forman parte de una experiencia que otros movimientos progresistas del orbe observan con interés.

Quince años después, Morena tiene razones para celebrar, pero también motivos para mantener los pies en la tierra. Gobernar es mucho más exigente y las victorias electorales no sustituyen el trabajo cotidiano ni garantizan por sí mismas que la transformación se consolide.

Por eso, este aniversario sirve también para recordar de dónde venimos y por qué comenzamos este camino. Tres lustros después, la gran tarea sigue siendo que el poder continúe mirando hacia la gente y anteponga los intereses del pueblo a cualquier otro interés.

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