BAJO SOSPECHA

El narco vive entre nosotros

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

El crimen organizado ya no está sólo en la sierra ni en las rutas de la droga. Está en la tiendita de la esquina que paga extorsión, en el municipio donde financió la campaña y en el celular de los jóvenes, donde el narcotraficante aparece con coches de lujo, armas y mujeres, como si fuera un ejemplo por seguir.

Hoy, en México, la penetración del crimen en la sociedad es cada día más profunda. Y frente a eso, la respuesta que se discute desde el Gobierno es censurar las redes sociales, cuando lo que hace falta es usarlas para que el delincuente vuelva a ser mal visto por su propia comunidad.

Ésa es la idea central de Jorge Tello Peón, codirector del Centro de Estudios sobre Seguridad, Inteligencia y Gobernanza del Instituto Tecnológico Autónomo de México, el ITAM. Esta semana, ese centro organizó un conversatorio con un título: “La penetración social del narcotráfico en México”.

ARRAIGO SE PROFUNDIZA

Operativo contra la extorsión a limoneros en Michoacán, el pasado 29 de julio. ı Foto: Cuartoscuro

Platiqué con él, y lo primero que me dijo es que hablamos mucho de seguridad y de cómo el crimen se mete en la política, pero estamos dejando pasar lo que está en la base de todo, cómo estos criminales se nos metieron en la vida diaria.

“Se está metiendo con nosotros de una forma imperceptible. Tenemos el riesgo de estar perdiendo la visibilidad de dónde está la línea, dónde termina un mundo y dónde empieza el otro”, me dijo.

Los ejemplos que da son de todos los días. El pescador tiene que entregarle su producto a quien le digan. El restaurantero tiene instrucciones de a quién comprarle. En un municipio del sur del Estado de México, lo que antes se controlaba era la cerveza de la feria; ahora es el huevo, el pollo y todo lo demás.

Y es que la extorsión, explica, muchas veces ya se vive como parte de la vida cotidiana. Se volvió parte de los costos que la economía absorbe y le pasa al consumidor. En Valle de Bravo, el control llegó a los materiales de construcción. Todo tiene un sobrecosto, dice, porque todo tiene que pasar por las aduanas del crimen.

Le pregunté por los municipios. En este espacio escribí hace unos días sobre el presidente municipal de Juchitán, Oaxaca, detenido por sus presuntos vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación. El municipio da la obra, da los permisos, tiene a la Policía y tiene las cámaras. Por eso el crimen financia campañas para poner a su gente.

Tello Peón recuerda ese caso y el del municipio de Tequila, en Jalisco, donde la extorsión alcanzó a una empresa tequilera y entonces sí hubo reacción. Ahí está el problema, dice: cuando extorsionan a la gran empresa, se arma el escándalo. Cuando extorsionan al ciudadano común, no hay manera de verlo.

¿Desde cuándo pasa esto? Me explica que es un proceso gradual, de por lo menos 30 años. Al principio era una transacción: dame permiso de pasar por la carretera. A partir del año 2000 cambió. Ya no se trata de pagar por pasar, se trata de controlar el territorio.

Y para eso buscan los puestos que generan valor: migración, aduanas y, por supuesto, las policías. La diferencia es que hace años esa inserción del crimen era muy focalizada; hoy lo tenemos muy ampliado y en todo el país.

Hay un tema que a mí me preocupa todavía más, y se lo planteé. Hoy, en muchas comunidades, todo el mundo sabe quién vende la droga, quién cobra el piso y quién paga las campañas. Y nadie dice nada, por miedo o porque ya se ve normal.

“Ése es el tema: lo vemos normal, lo minimizamos”, me contestó. “Lo que estamos construyendo es un narcoestado o un Estado criminal, donde los malos tratan de lavar su dinero y de legalizarse, y los que están en lo legal se criminalizan porque no se pueden quedar con los brazos cruzados”.

Estamos hablando del comerciante que ya da por descontado el pago al crimen, como si fuera un impuesto más. La otra salida que algunos ven es armarse. Tello Peón dice enfático que formar grupos para defenderse por cuenta propia ya fracasó en Sudamérica y en México. “Es una tontería, no va por ahí”.

¿Entonces por dónde? Aquí regresa a las redes sociales un tema que se ha discutido mucho después del ataque en la secundaria de Torreón.

“¿Vamos a poner rejas y arcos de control en cada puerta de cada salón de cada escuela? ¿Vamos a quitarles los teléfonos celulares a los muchachos? ¿O vamos a hacerles ver que necesitamos usar todas las redes sociales para sumarlos a los ciclos positivos?”, pregunta.

Lo que propone es que la sociedad le dé la vuelta a lo que hoy circula en ellas: que lo que está mal se vea mal. “Ya te vi, todos te vemos, todos te reprobamos, no queremos ser como tú”, dice. Que el delincuente deje de ser un símbolo de éxito y vuelva a recibir la sanción de su comunidad. Y que quien quiera pertenecer a algo, quiera pertenecer a lo que construye.

Mientras la gente vea al crimen como la solución a sus problemas, advierte, se va a plegar a él. Si son ellos los que pagan la fiesta patronal y resuelven lo que el Gobierno no resuelve, a ellos se les va a obedecer.

Por eso insiste en que la seguridad se construye de abajo hacia arriba, como un edificio. Los albañiles trabajan en los cimientos, pero hay piedras que no se pueden cargar desde abajo, y para eso está la grúa.

En esa obra, el gobierno municipal es el más cercano a la gente, pero también el más débil. Su Policía, dice, tiene que ser la del ciudadano, no la de las armas de grueso calibre, porque lo más probable es que esas armas terminen en manos del crimen. El actor central es el gobierno estatal, que es el que une al municipio con la Federación.

Y pone ejemplos de que sí se puede. La Laguna fue el punto de la guerra entre varios cárteles. Lo que cambió fue que se coordinaron dos gobiernos estatales, ocho municipios, dos zonas militares y la sociedad.

“¿Sabes por qué se ha mantenido así? Porque no han bajado la guardia”.

Menciona también a Yucatán, Coahuila y Querétaro entre los estados, y a Orizaba, en Veracruz; Nezahualcóyotl, en el Estado de México, y Morelia, en Michoacán, entre los municipios. Le hice notar que varios son gobiernos de oposición. Me respondió que no es asunto de partidos, sino de seriedad, hay casos como el municipio de Nezahualcóyotl, que lo gobierna Morena.

El Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad. Pero, además, la sociedad tiene que dejar de idealizar a los criminales, dejar de usar las redes para glorificarlos y empezar a usarlas para cuidarnos entre nosotros. Y, como padres de familia, voltear a ver qué está pasando en casa.

El crimen organizado hace todo por entrar. Hoy tendría que haber un movimiento enorme para no dejarlo.

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