FRENTE AL VÉRTIGO

Crisis de la izquierda

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

Que Lula haya llegado a la segunda vuelta no significa que Brasil haya contenido a la derecha. Muchos vaticinan que ocurrirá lo contrario. Flávio Bolsonaro obtuvo 47% de los votos frente al 45% del presidente. El bolsonarismo también ganó terreno en el Congreso y los estados.

Para revertir la tendencia, Lula necesita atraer a los abstencionistas, porque lo más probable es que los votantes de otras candidaturas, que reunieron cerca del 8%, no lo acompañen. Todavía puede ganar, pero incluso una victoria lo dejaría frente a una derecha fortalecida.

El mapa político de América Latina cambió rápidamente. Argentina pasó de Alberto Fernández a Javier Milei en diciembre de 2023. Chile, de Gabriel Boric a José Antonio Kast en marzo de 2026. Colombia, de Gustavo Petro a Abelardo de la Espriella en agosto. Perú llevó a Keiko Fujimori a la presidencia en julio. Uruguay, Guatemala y México están entre los gobiernos de izquierda que quedan.

El desgaste tampoco sigue un calendario uniforme. Petro y Boric gobernaron cuatro años. El kirchnerismo tuvo doce años consecutivos y regresó otros cuatro dentro de una coalición. El PT brasileño gobernó trece años antes de volver con Lula. Morena lleva ocho. El desencanto parece depender menos del tiempo en el poder que de las expectativas incumplidas y la esperanza que despiertan las nuevas derechas.

AMLO, Lula, Petro y los Kirchner hicieron de la redistribución una bandera. Sus políticas tienen diferencias y los apoyos sociales tampoco son exclusivos de la izquierda. Pero comparten una dificultad: convertir la mejora inmediata del ingreso en una expectativa duradera de prosperidad. Las transferencias no bastan para resolver la inseguridad, mejorar los servicios públicos o generar empleo. Los escándalos de corrupción golpean además su promesa de superioridad moral.

Brasil añade otra advertencia. Como ocurrió con Trump, la condena penal y el rechazo moral a un dirigente no borran su movimiento. El avance de Flávio cuestiona la idea de que Bolsonaro fue solamente una anomalía histórica. Hoy su apellido ofrece una respuesta posible y deseable para casi la mitad de quienes emitieron votos válidos.

La nueva derecha latinoamericana promete cercanía con Washington. Busca aprovechar a Trump, antes que enfrentarlo para ganar crédito político. Ese pragmatismo tendrá límites: Brasil y prácticamente toda América Latina necesita a China como cliente. La afinidad ideológica no elimina los intereses económicos ni garantiza gobiernos competentes.

¿Y México? Morena conserva una ventaja interna: la oposición todavía no organiza el descontento alrededor de una alternativa convincente. El riesgo inmediato para Sheinbaum es diplomático. Con menos aliados ideológicos será más difícil construir posiciones regionales, mientras otros gobiernos buscarán distinguirse atacando a la izquierda y acercándose a Washington.

Para ellos, cuestionar a México también sirve para alimentar el discurso de la motosierra. Sheinbaum tendrá que impedir que el repliegue de la izquierda se convierta en una pérdida de influencia del país. Defender la soberanía también exige evitar que otros decidan, sin México, el rumbo de la región.

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