PUNTO CIEGO

Meter las manos al fuego por Andy

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

Richard Nixon no entró en la madrugada a las oficinas del Partido Demócrata en Watergate, tampoco fue él quien colocó micrófonos, no participó personalmente en el allanamiento que terminó convirtiéndose en uno de los mayores escándalos políticos de Estados Unidos.

Su verdadero problema vino después, cuando decidió utilizar el poder de la Presidencia para proteger a personas de su entorno y tratar de contener una investigación que sabía que podía llevarlos ante la justicia. Cuando todo eso sucedió dejó de ser solamente el presidente cuyos colaboradores estaban metidos en problemas y se convirtió en parte del problema. La historia terminó como es por todos conocida: grabaciones, investigaciones, pérdida del respaldo y finalmente su renuncia.

La lección de Watergate no consiste en que un político deba abandonar a sus amigos cuando aparecen los problemas, consiste en entender que existe un momento en el que la lealtad se convierte en complicidad, sobre todo cuando aparecen hechos que ya no pueden resolverse únicamente diciendo que todo forma parte de una campaña. Uno puede meter las manos al fuego por quien quiera, pero cuando decide hacerlo público también está diciendo algo mucho más importante: que conoce suficientemente bien a esa persona como para garantizar su buena conducta.

Eso fue exactamente lo que decidió hacer Adán Augusto López cuando le preguntaron por Andy López Beltrán. Nunca dijo que ante tantas acusaciones, le correspondía a las autoridades determinar si era responsable de tantas cosas que dicen de él y, que además, están documentadas. Dijo que por sus amigos “mete las manos al fuego”, calificó a Andy como una persona honesta e íntegra y aseguró que existe contra él una campaña brutal. Es una defensa muy osada y contundente para alguien sobre quien pesan cientos de investigaciones periodísticas sobre empresarios de su círculo cercano, contratos públicos y negocios que crecieron de manera extraordinaria durante el gobierno de su padre. Por eso, es precisamente ahí donde la defensa se complica, porque, por ejemplo, Amílcar Olán, conocido públicamente como amigo cercano de Andy y Gonzalo López Beltrán, construyó durante el sexenio anterior una red de negocios donde logró obtener contratos públicos millonarios. Sólo Mexicanos Contra la Corrupción documentó contratos por más de 490 millones de pesos para insumos médicos y posteriormente operaciones relacionadas con empresas vinculadas a importaciones de combustibles que, según lo dicho por la misma fiscalía, ya están bajo investigación. El propio Amílcar Olán ha aparecido además en audios y múltiples investigaciones periodísticas, hablando de negocios relacionados con proyectos prioritarios del gobierno anterior. Los hermanos López Beltrán han negado haber intervenido para beneficiarlo con contratos públicos, pero la relación y los negocios de su amigo están ampliamente documentados.

Ése es precisamente el punto que Adán Augusto ignoró cuando puso las manos al fuego por el que llama amigo. No defendió a un niño inocente en edad de preescolar; por el contrario, garantizó la honestidad de una persona que a todas luces representa la nueva generación de corrupción del más alto nivel. Si un día se logran judicializar todas esas acusaciones, habrá que preguntarle a Adán Augusto qué sabía y qué escondía cuando decidió garantizar públicamente que Andy era un hombre íntegro.

Ahí está la diferencia entre defender a un amigo y defender lo indefendible. Nixon aprendió que el problema no siempre empieza cuando alguien cercano hace algo incorrecto; a veces empieza cuando quien tiene poder sabe demasiado, y aun así decide meter las manos al fuego.

Reenviado

“Bobby me dijo que nos van a dar un frente en unas minas allá por Oaxaca. Me dijo ahí, pero él tampoco sabe bien. Que nosotros las explotemos. O sea, que yo la explote, pues, porque yo soy el que seguro va a meter todo el dinero. Pero, me preguntó, me dijo: ‘Oye, Tigre, ¿y tú tienes el triturador y todo?’. Y ya le dije obviamente que sí. Así que a este Roberto échatelo a la bolsa”.—Conversación entre los hermanos Olán, según consta en audios dados a conocer por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. 17 de agosto de 2026.

Temas:

Google Reviews