Si bien en una metrópoli del tamaño de la Ciudad de México el anuncio de una marcha difícilmente se toma con buen ánimo —por todas las alteraciones que conlleva el ya de por sí caótico tráfico—, por algún motivo, la del personal de salud ha recibido considerable respaldo ciudadano, al menos, de palabra.
El gremio está marchando para poder desempeñar su trabajo bajo condiciones más adecuadas y dignas. Marchan para exigir mejores condiciones laborales y para exigir una representación sindical más adecuada. Pero, de igual forma, marchan para pedir que se cubran vacantes que puedan contrarrestar la sobrecarga de trabajo que enfrentan día con día.
También marchan para tratar de mejorar un sistema de salud que, por décadas, se ha tambaleado y que, desde la administración pasada, se encuentra en cuidados intensivos, derivado de decisiones mal pensadas, actos de corrupción y el subejercicio de un presupuesto para el sistema de salud que, ya de por sí, se encuentra por debajo de lo que recomiendan diversos organismos internacionales.

• A ver si no le retiran la “nacionalidad”
Marchan para denunciar la crisis en el abasto de insumos y medicamentos que comenzó con la decisión unipersonal, a inicios del sexenio pasado, de cancelar de tajo todas las compras consolidadas, so pretexto de revisar los contratos por motivos de sobreprecios y corrupción.
El resultado fue la adjudicación directa e indiscriminada de contratos —lo cual se hizo tarde y mal— y problemas en las cadenas de suministro para distribuir medicamentos —que, supuestamente, asumirían las propias autoridades gubernamentales, pero que, al verse rebasados, terminaron tercerizando—, y que quienes asumieron esa responsabilidad acusan adeudos por parte del Gobierno, acumulados ya por años.
Las consecuencias para el sistema en su conjunto parecieran evidentes: no sólo no se abarató la compra de medicamentos ni se transparentó la asignación de los contratos respectivos —cuyos beneficiarios resultaron personajes del círculo íntimo de los hijos del expresidente—; sino que se compró tarde y se compró mal. El desabasto de medicamentos es ya generalizado y afecta tanto al sector público como al privado.
Y no olvidemos la crisis por el rebrote de sarampión de inicios de este mismo año, provocada por la interrupción en la aplicación del esquema universal de vacunación, que en las últimas tres décadas había funcionado a la perfección en nuestro país, pero que desde inicios del sexenio pasado se suspendió… por insuficiencia de vacunas.
Por lo que respecta al ámbito laboral, el personal de la Secretaría del Trabajo gestiona a marchas forzadas los encuentros para atender las exigencias del personal de salud, para lo cual se saben completamente rebasados. Con todo, para el Gobierno no hay una crisis. O, al menos, eso es lo que dicen.
Entretanto, a diferencia de otro tipo de marchas, el personal involucrado lo está haciendo de manera planeada y escalonada, para no dejar desatendidos a sus pacientes. Pareciera, pues, que quienes están marchando, no lo hacen para ellos únicamente, sino en beneficio de toda una sociedad que compartimos un sistema de salud completamente sobrepasado.

Otro operativo fallido

