Hace una semana, nadie hablaba de represión policiaca en Guadalajara ni de manifestaciones masivas de trabajadores del IMSS. Incluso, desde Palacio Nacional se había minimizado el respaldo de casi medio millón de empleados a la institución de salud pública más importante de América Latina.
El IMSS es un titán: cubre al 60% de la población mexicana, más de 78 millones de personas, una cifra que lo posiciona por encima del NHS británico, con sus 67 millones de usuarios. Este gigante, además, opera con una fuerza laboral de más de medio millón de empleados, el 81% de ellos dedicado a la atención médica. Pero tras esta aparente fortaleza, hay grietas evidentes.
El reciente rechazo sindicalizado al incremento salarial del 2.9% es apenas la punta del iceberg. A esto se suman problemas crónicos.
Por otro lado, en Guadalajara el agua supuestamente potable lleva décadas siendo un problema que, lejos de resolverse, parece moverse hacia la privatización bajo el mando de Pablo Lemus, actual gobernador y exalcalde. A la crisis hídrica se suma la reciente respuesta excedida de la Policía en la que los responsables fueron reducidos a simples “chivos expiatorios”, mientras el trasfondo real del problema sigue sin tocarse.
Lo del IMSS es un caso similar, décadas de postergaciones han llevado al límite un sistema que carga con más trabajo del presupuesto que se le asigna. Y aunque la austeridad se impuso en el sexenio pasado como la bandera de moda, no se le pueden “pedir peras al olmo” e ignorar la complejidad del problema.
Los cisnes negros no aterrizan de golpe; se incuban con años de negligencias y errores acumulados. Ahora, aquéllos que siempre han ocupado el eslabón más débil, pagan los platos rotos.
Por cierto, en Michoacán, Iris Vianey Mendoza trabaja por la unidad, el diálogo y la construcción de consensos más allá de colores partidistas. Con trayectoria como exsenadora y coordinadora de la campaña presidencial de López Obrador en 2006, busca ser Coordinadora en Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional en un distrito clave: Apatzingán.
Con su experiencia territorial en la compleja zona de Tierra Caliente, Mendoza apunta a recomponer el tejido social en municipios marcados por la migración y el desplazamiento forzado. Su capacidad para dialogar con diversos sectores será crucial para atender las necesidades de una región vital para la producción nacional de aguacate, berries y limón.
Y en donde la unidad cruje es en la alianza de Morena PT y PVEM, quienes anuncian caminar juntos rumbo al 2027, pero lo harán entre amenazas, chantajes y muy probable, entre escisiones que podrán poner en boleta electoral ajena a las corcholatas morenistas, que sospechan que sus tamales fueron de chivo.
Cualquier parecido con cochineros perredistas, fracturas priistas u ondas gruperas panistas, es pura coincidencia. Eran minoría y eran sectarios, ahora como aplastante mayoría, también. Es su naturaleza o su falta de institucionalidad.