Podrán ser muchos o pocos los trabajadores del IMSS que se han manifestado estos días, el hecho en concreto es que el problema ni empieza ni termina ahí.
En los últimos ocho años hemos visto que el sistema de salud no tiene absolutamente nada que ver con el de Dinamarca. El problema más grave es que está metido en un laberinto del cual no sale ni se ve por dónde. Las y los trabajadores del Instituto han optado, algunos me dicen que, por fin, manifestarse ante los problemas que cargan cotidianamente.
Existen otros factores, uno de ellos es la inconformidad de muchos trabajadores sindicalizados con la dirigencia de la organización. Al mismo tiempo, se presentó una exigencia de aumento salarial por encima del 10%, el miércoles pasado los trabajadores no aceptaron la oferta del Instituto.

• “Orgullosos de Beatriz”
Un tercer elemento es el que ha provocado las mayores protestas: las condiciones de trabajo.
No hay que darle muchas vueltas al asunto, porque quien directamente lo padece son los derechohabientes. Existe una infinidad de testimonios avalados por los pacientes.
Algunos de ellos plantean que la paradoja es que, durante la pandemia, recordemos, muchos de ellos lamentablemente fallecieron, “éramos héroes”. Ahora, dicen, por salir a manifestarnos y presentar demandas somos señalados, insinuando además que nos mueven intereses y que intervienen partidos de oposición.
Es propio de la clase gobernante que cuando aparecen movilizaciones, protestas y críticas busquen en factores externos las razones, sin asumir la necesidad de analizar de lo que está sucediendo. Pareciera que los trabajadores del IMSS son incapaces de pensar por ellos mismos.
Con ironía, una enfermera nos plantea, “cuando dicen que somos de derecha o neoliberales, no cabe duda que no conocen nuestro pasado”.
No hay manera de que desde fuera les digan qué hacer, porque si alguien padece irregularidades del sistema son las y los doctores, las y los enfermeros, camilleros, y todo el personal que conforma la vida y desarrollo de hospitales y clínicas.
Parece que estos años se padece el singular espíritu de López Obrador, en donde lo importante era un 90% de lealtad y 10% de capacidad, hay que echarle un ojo al caso Veracruz.
Las exigencias del sector son cotidianas, rudas y de inmediata atención. Si se reducen los presupuestos no hay manera de poder enfrentar la situación que se están viviendo y está llegando a extremos. Es claro que se viene viviendo una situación extraordinaria desde hace tiempo.
López Obrador optó por llenar de críticas a lo que se venía haciendo en sexenios anteriores e inventó cosas que no ofrecen resultados. El Seguro Popular no era la panacea, pero les permitía a los ciudadanos un acceso cotidiano, organizado y efectivo ante sus problemas de salud.
En la consulta sobre el aumento de salario la propuesta del gobierno fue rechazada, tendrán que negociar. Pero éste es sólo uno de los problemas. El otro gran asunto es el estado de las cosas en el sector.
Un gobierno que presume representar los intereses populares y que asegura que escucha y debate, resulta que ocho años después plantea lo que debió hacer hace ya tiempo, que era una tarea urgente para el diseño de políticas públicas.
Los derechohabientes no están pensando en si el sector es como el de Dinamarca, están pensando en su salud.
RESQUICIOS.
Tiene lógica partidista pedir juicio político contra el gobernador de Jalisco. Habrá que hacer fila con la larga lista de solicitudes que existen y se agolpan, claro siempre y cuando no le dé a alguien por mover el expediente.

Empollar cisnes negros

