VIÑETAS LATINOAMERICANAS

El triunfo de Lula y la presidencia crítica

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Lula da Silva dio una batalla electoral admirable y venció a su rival, Flávio Bolsonaro, en las elecciones brasileñas. El mandato que recibe el octogenario líder de la izquierda latinoamericana proviene de la preservación de un gobierno con capacidad de distribución del ingreso y, también, con posibilidades de ejercer contrapesos a la recuperada hegemonía hemisférica de Estados Unidos.

Constitucionalmente, ésta será la cuarta y última presidencia de Lula y, sin dudas, las más crítica. La oposición bolsonarista controla la mayoría de los estados y el congreso brasileño. Cerca de 60 millones de brasileños votó por Flávio Bolsonaro y esa oposición poderosa le complicará la gestión a Lula en los próximos años. No será nada sencillo para Lula gobernar un país dividido y, a la vez, asegurar una sucesión para la izquierda.

El primer gran reto del gobierno será recuperar el crecimiento económico. La desaceleración brasileña carga, de entrada, con el desplome de la bolsa, una deuda pública de más del 80% y un déficit presupuestario que se acerca peligrosamente al 10% del PIB, además de la tradicional deficiencia en la recaudación fiscal que aqueja a los gobiernos de izquierda o derecha en ese gran país.

Lula deberá gobernar en medio de una cada vez más intensa demanda de seguridad, combate al narcotráfico y control de la corrupción. Esos tres puntos, bien ubicados en el programa de Bolsonaro, obligarán a Lula a una vigilancia extrema al interior de su coalición. Cualquier escándalo, en lo próximos años, podría ser rebasado por un estallido social o una crisis inmanejable de gobernabilidad.

Se repite en estos días que la victoria de Lula pone un alto al avance de la derecha, pero desde el punto de vista de la política doméstica brasileña no necesariamente es así. La derecha no logró la presidencia, pero tiene suficiente poder a nivel federal. El efecto de contención de Lula será más claro a nivel internacional que doméstico. Se verá muy pronto en la cumbre iberoamericana de Madrid, donde la alianza entre México y Brasil compensará la derechización regional.

La realista y profesional política exterior brasileña ha sido correspondida por la mayoría de gobiernos de esa derecha regional, que ha reconocido el triunfo de Lula. Kast, Fujimori, Noboa, Paz, Peña, De la Espriella, todos, menos Javier Milei, han admitido la limpieza de las elecciones y ha felicitado a Lula por su triunfo. El propio Bolsonaro, luego de amagar con una impugnación, también ha acatado la decisión del árbitro electoral.

Pero la cuarta presidencia de Lula se produce en un momento de inflexión geopolítica en que Brasil puede jugar un papel decisivo de equilibrio. La derrota de Bolsonaro impide que el apoyo al Escudo de las Américas siga creciendo en Suramérica por medio de la militarización y la seguritización de las sociedades. Es un respiro que la izquierda podría aprovechar para reafirmar sus credenciales democráticas.

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