Cárceles a salvo de 4T

Fase 2
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La estela de reacciones e indignación que dejó la extorsión a la madre de la politóloga Denise Dresser apuntó los reflectores de las críticas al Gobierno de Claudia Sheinbaum y al de su antecesor, Miguel Mancera. ¿Por qué?  Por la franqueza policiaca al respecto; se trata de extorsiones comunes y corrientes que presidiarios cometen a diario.

Por lastimosas razones, en el imaginario ciudadano existe la idea de que el uso de celulares desde el interior de los penales está prohibido. Subsiste otra noción, derivada de la primera: hay inhibidores de frecuencias que hacen posible bloquear el uso de móviles en determinadas áreas. Utopía colectiva.

Desde las prisiones de la capital y del resto del país se utilizan cotidianamente teléfonos para organizar y operar extorsiones. Los penales son call centers tolerados por la connivencia entre autoridades y organizaciones criminales. Vaya, hasta entrevistas telefónicas dan reos VIP. Y suites. Y congales. Y…

Dentro de los centros de reclusión y reinserción social (ni la burla perdonan) hay actores y actrices que interpretan a hijos e hijas en trances de pánico y dolor; a esposas y esposos agonizantes ante el secuestro de mentís, también hay sicarios que, paradójicamente, hacen las veces de ídem.

Desde la lógica de “¿qué más les pueden hacer, si ya están tras las rejas?”, coordinan lucrativas e impunes maquinarias delictivas; los de afuera cobran, recogen y ejecutan la venta de activos en sucesivos mercados negros, venta de joyas, autos, computadoras, etcétera. Los modus operandi se repiten y la gente cae, una tras otra.

Hoy, prácticamente en cualquier llamada o trámite legal informan de sus políticas de privacidad y, sin embargo, los datos de todos se trafican: números telefónicos, correos, nombres, referencias personales y familiares, domicilios particulares y de trabajo. ¿Qué tan complicado puede ser entonces armar “fichas” y extorsionar? ¿Cómo es que bancos y telefónicas nos acosan al celular con ofertas que no podemos rechazar? “¿Cómo me dice que no le interesa si no le he explicado los beneficios…?”.

Pero las cárceles de aquí no son las únicas; en Nuevo León, el Penal de Topo Chico devino en leyenda grande. Riñas, masacres, fugas y vejaciones a los visitantes provocaron su cierre.

Y en Zacatecas, hasta al son de su celebre marcha, presos han ido y venido. En el penal varonil de Cieneguillas de allá mismo, 17 presos fueron asesinados el fin de semana con armas de fuego, en dos riñas colectivas sucesivas. La obvia, el director fue cesado. Pero pistolas y escopetas continúan “perdidas” al interior de la prisión; sí, aunque usted no lo crea.

Las historias de autogobiernos y narcotráfico, venta y alquiler de todo, desde suelo hasta vida, sobran. Autoridades federales y locales padecen de lo mismo: incapacidad y falta de voluntad política para atacar a esta delincuencia organizada.

Las cárceles en México parecen blindadas contra cualquier épica transformadora. Todo indica que, salvo a las víctimas de las cotidianas extorsiones, a nadie más le quita el sueño esta pesadilla nacional.