Domingo 17.01.2021 - 03:28

Morena palidece

Fase 2
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Morena es un partido no nato; su aparente éxito electoral le debe todo a Andrés Manuel López Obrador, a nivel estructural, el Movimiento de Regeneración Nacional no es más que la amplia estela que su astro rey deja a su poderoso paso.

Sin éxito, Morena intenta renovar su dirigencia desde el año pasado. El primer aplazamiento voluntario, en aras de encontrar mejores tiempos, fracasó. En su segundo esfuerzo afloraron las mismas debilidades, un padrón de militantes manoseado, corrupto, no confiable.

Falta de organización y su sectarismo arrastrado desde sus orígenes priistas-perredistas, ponen sello a los circos en que terminan sus asambleas regionales y a las disputas abiertas entre sus liderazgos mejor posicionados.

Yeidckol Polevnsky, presidenta que no cobra, pero ambiciona la reelección, buque insignia del ala radical que pretende el timón a la hora de repartir candidaturas; Mario Delgado, operador legislativo cabeza del grupo de Marcelo Ebrard que trabaja con la mira puesta en Palacio Nacional y en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento para 2024, Bertha Luján, representante del equipo más leal y añejo del Presidente López Obrador, madre de la secretaria del Trabajo Luisa María Alcalde y acaso, la más fiel representante del espíritu con el cual AMLO creó Morena; Alejandro Rojas Díaz Durán, alfil del poderoso senador Ricardo Monreal, quien también tiene al 2024; en el centro de sus aspiraciones y confabulaciones; todos contra todos, cruces estratégicos para utilizar al prójimo como ariete contra el adversario más peligroso.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación invalidó todo el proceso interno de Morena, con el argumento de que su padrón no es fiable. Le da 90 días para ordenar ese instrumento base de todo instituto político, el inventario de su estructura institucional.

El partido más reluciente es un gigante con pies de barro, su incapacidad para consolidarse sin que AMLO lleve la rienda en su mano, brilla. De nada valieron las advertencias públicas del Presidente sobre su salida y hasta la expropiación del nombre si los morenos insisten en el desorden, corrupción y la fractura expuesta de sus vulgares ambiciones.

De nada sirvió la orden disfrazada de sugerencia para que renovaran la dirigencia por encuesta y no por elección. De nada ha servido tener estatutos endebles y maleables. La encuesta no está contemplada en su ordenamiento interno para poner a quien manda, pero Polevnsky presume lo dúctil de las reglas morenas; “cambiemos los estatutos”. Santo remedio.

Ni así. Hay voces que reclaman intromisión del Tribunal en la autonomía del partido, otras que ven, en la sentencia, la ruta para llegar sin registros ni comicios. Sin embargo, no se escucha un solo murmullo que alerte lo que le pasaría a Morena si el Presidente López Obrador cumple su amenaza de renunciar, de dejarlos en la orfandad.

Morena no es Polevnsky, Ebrard, Delgado, Luján o Monreal, el partido no finca sus éxitos en Claudia Sheinbaum, Cuitláhuac García, Rutilio Escandón, Adán Augusto López o Jaime Bonilla, tampoco en sus superdelegados ni en sus parlamentarios más experimentados, Morena es la popularidad de Andrés Manuel López Obrador, sus candidatos no ganan, recogen el fruto de la popularidad de su guía. Sin AMLO, Morena no tiene futuro. Noventa días.

Sin bozal y sin morder. Tiro errado del Presidente. La chabacanización (hacer de la comunicación oficial algo informal sin método ni rigor) que las mañaneras propician con su exceso de retórica y falta de información, propició una estampa que perdurará, la del mandatario que recrimina a la prensa su falta de apego a la cambiante versión oficial de los hechos de Culiacán el 17 de octubre.

A partir de su convicción de que toda virtud nació junto con su triunfo en las urnas, el mandatario recrimina que la renacida prensa libre no es agradecida con el poder superior, que tuvo a bien liberarla del bozal que la contuvo hasta que él llegó.

Enemigo equivocado. La violencia y la inseguridad, el estancamiento económico, la estrategia que promete resultados al tiempo que pide prórrogas, la descomposición social, los criminales que someten al pueblo y sin ser producto de la falta de oportunidades básicas, ésos son los enemigos, no desubicados adversarios de una gestión gubernamental ofuscada. Ellos, no nosotros señor Presidente.