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Bernardo Bolaños

Centroamérica y Biden: reclamos a México

ANTROPOCENO

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Como México ha sido un país petrolero, es uno de los mayores responsables del cambio climático y le debe a los centroamericanos una reparación. Pertenecemos al Grupo de los 20, pero no sólo como ventaja de estar en el foro de países industrializados y emergentes, sino como inconveniente de ser blanco de reivindicaciones de los vecinos del sur. Hemos emitido históricamente más CO2 a la atmósfera que Brasil o España. Y, solo en noviembre pasado, dos huracanes categoría 5 golpearon Centroamérica, por primera vez en la historia. Las sequías cíclicas en el llamado “corredor seco centroamericano” se han agravado. Las plagas empeoran.

Desde luego, las responsabilidades por el calentamiento global son diferenciadas, aunque comunes. Estados Unidos, China y la Unión Europea deben recibir más desplazados por desastres ambientales, porque contribuyeron más a la crisis ambiental. Pero sobran solicitantes de asilo y refugio y, aunque la responsabilidad sea diferenciada, a México le tocará responderles a miles de centroamericanos. Tendremos que recibir migrantes climáticos o indemnizarlos.

Los funcionarios más conchudos tratan de tranquilizar al gobierno y niegan que haya de qué preocuparse, porque la Convención de Ginebra sobre refugiados se ocupa de perseguidos políticos, no de cambio ambiental global. Olvidan el derecho de daños y que Estados Unidos no acepta asumir la responsabilidad solo.

Sobre lo primero, desde el derecho romano existe la responsabilidad extracontractual. Si mi perro ataca a un vecino, debo pagarle la atención médica, aunque yo no supiera que era mordelón. Igualmente, México ha dañado a millones, afectando el clima del planeta, aunque a principios del siglo XX no sabíamos del efecto invernadero. Peor aún, hoy AMLO sí sabe y sigue promoviendo que la CFE queme combustóleo y carbón mineral en termoeléctricas, sin necesidad (pues la energía renovable es barata y limpia). Se aferra a la obsolescencia tecnológica porque pertenece a una generación que no puede pensar fuera de esa caja que es la economía fósil.

El Comité de Derechos Humanos de la ONU ya se pronunció: existe un deber de no devolución de desplazados ambientales gravemente afectados. Aunque los procesos judiciales serán largos y tortuosos, como las propias caravanas migrantes, al final del túnel tintinea una luz para los centroamericanos: la justicia climática respaldada por tribunales internacionales.

Sobre la posición de Estados Unidos, la administración de Biden ha expresado que los refugiados deben repartirse entre los países de la región que gozan de estabilidad. Difícilmente el Gobierno de México tendría cara para lavarse las manos frente a los vecinos unidos del sur y del norte.

Quienes aplauden la irresponsabilidad climática de la 4T, en nombre de una soberanía energética entendida de manera demagógica, primitiva y descontextualizada, tendrían que aceptar de buena gana las casas de campaña de los desplazados por huracanes y sequías, a instalarse en los parques donde hoy pasean a sus perros. Pero, mejor aún, podrían prevenir y exigir la transición energética ya.