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Bibiana Belsasso

“Con encierro se corre el riesgo de niños que no sepan relacionarse”

MUY PERSONAL

Bibiana Belsasso
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Para muchos, uno de los mayores problemas generados por la pandemia es el del encierro, el confinamiento de los niños, la ausencia de clases presenciales, el deterioro de sus niveles académicos. Para la doctora Berenice Rangel Barrera (BRB), psiquiatra de niños y adolescentes del Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro, ésa no es la mayor difícultad ni el mayor riesgo.

Si no se recuperan lo más rapidamente posible las clases presenciales, dice la especialista, el mayor riesgo está en que tendremos, sobre todo entre niños de dos a ocho años de edad, una generación que no sabrá relacionarse socialmente, que crecerá aislada y con muchas dificultades para acercarse a los otros.

Es la idea, dice, de que aprendamos a socializar, y para eso la escuela es irremplazable. Puede haber, aunque tenga deficiencias, educación a distancia, pero es imposible para los niños que están empezando la primaria, sensibilizarse ante otros, socializar desde lejos.

BRB: El problema al cual nos enfrentamos todos va a afectar principalmente a niños y adolescentes. Para abordar esta problemática es importante entenderlo a partir de dos panoramas: uno, en el caso de niños que no tienen ningún trastorno psicopatológico, es decir, que llevan una vida o un desarrollo aparentemente normal, y dos, niños que ya tienen un antecedente, una psicopatología a la que se agrega este estrés psicosocial tan importante. Quizás en este primer grupo, como niños pequeños, que apenas están desarrollando sus habilidades sociales, ahorita lo que encontramos más es que pueden cursar con un trastorno adaptativo, es decir, con toda esta situación como de ajuste frente a una restricción, ellos van a vivirlo como un duelo, como una pérdida. Ellos han perdido ir a la escuela, tener amigos, compartir quizá en un curso de verano, de tal manera que van a cursar como con un trastorno o una reacción de desajuste y entonces, justo el juego, que a esta edad favorece la socialización, va a repercutir a largo plazo. Recordemos que los niños a esta edad, entre los dos a siete años, pueden utilizar el juego como un instrumento fundamental para el desarrollo de diferentes áreas, entre ellas está la imaginación, el pensamiento, las fantasías, pero justamente el juego va a implicar un desarrollo social; el niño a esta edad normalmente aprende a tener diferentes roles, a ceder, a ganar en algunos momentos y a perder en otros, y también va a aprender a trabajar o cooperar en un equipo.

En niños pequeños, que apenas están desarrollando sus habilidades sociales, lo que nos estamos encontrando más es que pueden cursar con un trastorno adaptativo; ellos van a vivirlo como un duelo, como una pérdida. Ellos han perdido ir a la escuela, tener amigos

Bibiana Belsasso (BB): ¿Qué efecto puede tener eso cuando estos niños se conviertan en adultos?

BRB: Principalmente va a haber problemas como la frustración. Puede haber problemas afectivos, sobre el estado de ánimo, dificultades para tolerar la frustración o cuando en algún momento las cosas no resulten como uno quiere. Es en el juego como, con ensayo y error, se empieza a fortalecer esta posibilidad o esta habilidad de aprender a ganar, a tener lo que uno quiere o a postergarlo, a ceder con otras personas, a perder, esto es lo que se desarrolla principalmente a esa edad. Entonces van a ser adultos que no tiendan a tolerar bien la frustración, que no aprendan a negociar o a ceder algunas cosas. Pero, cuando hablamos de niños que ya tienen alguna psicopatología como ansiedad, van a ser niños muy inseguros, que no van a poder relacionarse adecuadamente con otros, donde se va a acentuar este miedo a enfrentarse a hacer una nueva amistad, a hacer plática con otros niños. Pudiera ser que se vuelvan más aislados, o como en el espectro de la conducta, con dificultad para regular las emociones, para tolerar la frustración, para aprender a negociar.

BB: Hablamos de que los más afectados quizás sean los niños más chiquitos, porque los más grandes, los adolescentes, ya aprendieron esta manera de relacionarse y, de alguna manera, lo están haciendo.

BRB: Los niños más pequeñitos, de dos a cinco años, que justamente ahorita estaban empezando a ir a la escuela y donde el desarrollo social ahorita estaba o está al apogeo, serán los más afectados, porque hay un cambio entre el desarrollo que hay dentro de la familia, lo que ellos aprenden al convivir con sus papás y sus hermanos, al que se da al salir del núcleo familiar y empiezan a interactuar o convivir en la escuela. Entonces el que ellos pierdan esta posibilidad de convivir con otros niños es crucial, sobre todo en ese rango de edad. No está del todo perdido, finalmente si se restablece la escolaridad presencial y ellos vuelven a conservar a sus amigos, esta afectación va a estar más alejada, pero es una realidad que no tenemos total certeza de cuándo va a ser.

Ante el encierro, dos niños vuelan papalotes en el techo de su casa, en la CDMX.Foto: Cuartoscuro

BB: ¿Qué hacer como padres? ¿Qué sería lo más grave que estás viendo tú?

BRB: A más largo plazo, si consideramos la etapa adulta, sí podríamos pensar más en trastornos de la personalidad, es decir, estos trastornos que mencionaba hace un momento respecto a personas muy aisladas, serias o estos trastornos de ansiedad pudieran desembocarse en un trastorno de personalidad evitativo; por ejemplo, personas que les cuesta mucho trabajo relacionarse socialmente, fuera del contexto de la familia, y también en otros casos en donde no hay un total control de las emociones y de los impulsos pudiera haber algún trastorno de la personalidad de otro tipo, que ya implicaría más una pobre regulación de las emociones y de las relaciones interpersonales. Sería muy aventurado decir que únicamente estas condiciones de la pandemia van a generar eso, pero sí son un factor de riesgo.

BB: ¿Qué hacer si tienes hijos chiquitos para fortalecerlos, para que no pierdan los vínculos con amigos durante esta pandemia, sobre todo ahora que están aislados?

BRB: Lo más importante sería darles certeza en la medida de lo posible; es decir, procurar mantener ciertas rutinas u horarios que fueran similares a la escuela, por ejemplo, que hubiera horarios para la alimentación, para el sueño, incluso también para las actividades lúdicas. Ahora están muy metidos con las redes sociales, usando celular, tablet, incluso para eso sería recomendable que se mantuvieran ciertos horarios y destinar algún tiempo incluso para jugar con ellos. Ellos dejaron de ver a sus amigos de un día para otro. Estas medidas fueron instaladas abruptamente y muchos, al no ver a sus amigos, al no estar en contacto directo con ellos, es como si se olvidaran de sus amigos. Finalmente respecto al otro grupo de niños y adolescentes que ya tenían una psicopatología previa, hemos estado encontrando que últimamente con esta pandemia se han incrementado los síntomas, se han exacerbado la ansiedad, la depresión, y lo importante es poder mantener un contacto con sus médicos, con sus terapeutas en caso que sigan un tratamiento y, como terapeutas, como psiquiatras, tenemos que valernos de muchas herramientas que tampoco conocíamos para tratar de mantener esa constante.