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Carlos Urdiales

El antídoto Zaldívar

SOBRE LA MARCHA

Carlos Urdiales
Carlos Urdiales 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Carlos Urdiales

Hace cuatro meses la Cámara de Diputados madrugó, amplió dos años el periodo como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) del ministro Arturo Zaldívar.

Intromisión del Poder Legislativo en la normativa interna del Judicial acatando el deseo del Ejecutivo; el presidente Zaldívar quedó atrapado.

En el portal Foro Jurídico https://forojuridico.mx/inconstitucionalidad-del-articulo-decimo-tercero-transitorio-y-la-independencia-del-poder-judicial/ abordaron a fondo el asunto: “Desde su sorpresiva presentación en la Cámara de origen, la adición causó revuelo nacional e internacional. Voces de analistas políticos, destacados juristas, Colegios y Barras de Abogados e instancias internacionales como la CIDH, advirtieron flagrante violación a la Constitución, así como a la independencia judicial y a la separación de poderes”.

Aquí, la llamada Ley Zaldívar propició especulación mayúscula. De fondo se miró como un experimento para, llegado el momento, ampliar el sexenio de Andrés Manuel López Obrador con el mismo argumento que el Presidente utilizó para respaldar la inconstitucionalidad del Artículo Décimo Tercero Transitorio contra la autonomía institucional de la SCJN.

Que una y sólo una persona era capaz de garantizar la renovación del Poder Judicial, nadie más; ni siquiera las y el ministro nominados por el actual mandatario. Así, legisladores de mayoría oficialista calcarían el estribillo; sólo AMLO sería apto para tutelar la transformación de la vida pública nacional.

López Obrador negó tal intención, desestimó el escenario, pero las dudas persistieron; suspicacias perduraron. Arturo Zaldívar explicó discretamente que mientras Legislativo y Ejecutivo no promulgaran (el 7 de junio se publicó en el Diario Oficial) la polémica reglamentación, él no podía pronunciarse.

Aguantó metralla. Vulgar ambicioso o comparsa fueron descalificaciones en el repertorio de su denostación. Zaldívar asimiló la erosión a su prestigio, pero se ciñó a un rigor procesal que antepuso su talante de hombre de Estado antes que la salvaguarda personal. No todos toleran eso, algunos optan por la retórica laxa. Él no.

Consumada la acción —contraria a la letra de la Ley suprema—, el ministro presidente sometió el tema a consulta con sus pares para que la SCJN en ejercicio de su soberanía técnica e intelectual, decidiera.

El ministro Fernando Franco presentará su proyecto de sentencia, pero antes y frente a la revuelta en el Tribunal Electoral (TEPJF), Arturo Zaldívar comunicó que no permanecerá como cabeza de la SCJN más allá del periodo de cuatro años para el que fue electo. Punto final.

Así el ministro Zaldívar clausuró un periodo de graves dudas respecto a la vigencia de nuestra división de poderes. Oportuna determinación que zanja fantasías futuristas. Al presidente de la SCJN hay que aplaudirle también su discreta, pero determinante directriz en la crisis del TEPJF.

Con no recibir al magistrado José Luis Vargas, reunirse con el llamado G5 (Rodríguez, Otálora, Fuentes, Infante y De la Mata) y opinar que veía inviable el anterior estado de las cosas y avalar públicamente la probidad y pericia del nuevo presidente Reyes Rodríguez Mondragón, Zaldívar Lelo de Larrea definió rumbo y generó una segunda certeza.

Vendrá una amplia y vistosa revisión conceptual sobre el INE y el TEPJF. El legislativo de Morena impulsará lo que permanentemente anhela, descafeinar órganos autónomos para alimentar el centralismo de toda la vida pública. Ejercicios que si son bien conducidos resultan sanos. Se buscará la imposición, pero los equilibrios ganados el 6 de junio servirán como diques de contención.

Por lo pronto, hay SCJN, TEPJF y plazo sexenal del Ejecutivo inmunizados contra ocurrentes dislates ideológicos.

Naranja vs. Rojo

La descoordinación entre López-Gatell y Claudia Sheinbaum por fin quedó expuesta. Al mediodía del viernes la Jefa de Gobierno anunció que la capital nacional permanecería en naranja. Por la noche la autoridad federal la pintó de rojo. Y la doctora tronó: “Para nosotros la ciudad está en naranja”.

Tercera ola de la pandemia y en la granja hay rebelión, hartazgo, desorganización. No pasa nada, pues el color del semáforo epidemiológico ya no pinta. Los contagios alcanzan picos de la segunda y primera ola, no así los decesos gracias a la vacunación. La economía no soporta ningún nuevo confinamiento y eso manda.

Queda cuidarse y hacer lo que se debe, aunque a la autoridad no le guste ejercer. Vacunarse, sana distancia, lavado de manos, mascarillas y ventilar casas. Pandemia sinfín similar a las pugnas intestinas de un entramado administrativo insular, contradictorio y daltónico.