Sábado 19.09.2020 - 23:46

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Daniel Alonso

Merecido final

ARQUETIPO FUTBOL

Daniel Alonso
Daniel Alonso
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Nunca me cansaré de decir que el futbol nos arroja siempre historias con narrativas dignas de libros, documentales, películas o las muy de moda series online. Pues bien, estamos por vivir la “novela del verano” protagonizada por Lionel Messi y su actual club, el FC Barcelona. Ayer las redes sociales y medios de comunicación en el mundo ardieron con la noticia en la que Messi comunicaba al club su deseo de marcharse ahora mismo.

La historia de Lionel y el Futbol Club Barcelona ha sido la más romántica del siglo XXI. Desde los seis goles que hizo en su primera prueba en La Masía y que desencadenó la historia del contrato en una servilleta firmado en un bar de Barcelona; pasando por la incertidumbre de alejarse de su familia en Argentina, el dolor físico y emocional del tratamiento que continuó para crecer un poco más en una ciudad cosmopolita, pero celosa de su cultura.

Y al paso de unos años Messi iluminó el Camp Nou y todo Barcelona con su magia. Títulos y más títulos, el “Sextete” de la mano de Pep Guardiola; la contundencia de la MSN, integrada por Messi, Suárez y Neymar, las manitas al Madrid, etc. Historias que se acumulaban y que hacían apuntar que la carrera de Messi sería un cuento de hadas que se escribiría con un: “y vivieron felices para siempre en Barcelona”; pero el futbol es impredecible como la vida misma.

Pero si el FC Barcelona tiene una particularidad, es la manera cómica y trágica de contar siempre con una directiva que se encarga de autodestruirse. “Al final, Bartomeu conseguirá que Messi se vaya”, fueron palabras de hace unas semanas del candidato a la presidencia del Barca, Agustí Benedito. La profecía está más cerca que nunca, y los últimos años de Messi se vislumbran lejos de la capital catalana.

¿Y cómo comenzó a derrumbarse todo? Desde el adiós de las otras leyendas el panorama no pintaba bien. El club nunca tuvo listo los recambios de jugadores como Iniesta, Xavi o Dani Alves. Jugadores que fueron clave en la época más gloriosa del barcelonismo y que ayudaban a Messi a no cargar con todo el peso del equipo. El club se conformó con lo que Lionel le daba al equipo y nunca se preocupó por lo que el club le daba a Messi.

Fichajes más encaminados a caprichos como el de Antoine Griezmann, Arthur, Coutinho, Dembélé y otros tantos, desencadenaron en las tragedias deportivas de Turín (3-0), Roma (3-0), Liverpool (4-0) y la estocada final, la que terminó por desmoronar la poca autoestima que aún existía en el equipo, el 8-2 ante el Bayern, derrotas humillantes y contundentes que dejaban claro que el Barcelona ya no era el gigante de Europa.

Se dice que la directiva tratará de impedir por la vía legal que el delantero abandoné el club. Claro, no podría esperarse menos de los que gracias a su grilla y lucha interna, se olvidaron de fortalecer a todo un club; creyeron que Messi podría solo y su presencia sería eterna por el amor y fidelidad que Leo siempre profesó hacia el club. “No es el final que Messi se merece”, rezan los medios catalanes y probablemente tengan razón; pero, sin duda alguna, es el final que la directiva actual se merece, porque los “felices para siempre” sólo se ganan con méritos.