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Eduardo Marín Conde

Kubrick: el más grande cineasta

CINEBUTACA

Eduardo Marín Conde
Eduardo Marín CondeLa Razón de México
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  • Eduardo Marín Conde

Mañana domingo 7 recordaremos al más grande cineasta de la historia: el neoyorquino Stanley Kubrick, al cumplirse el 22 aniversario de su fallecimiento, a los 70 años de edad. El legado de Kubrick es inmenso. A partir de su opera prima, cada una de sus siguientes 12 películas constituye una experiencia en sí misma, con una trascendente propuesta temática.

Ningún otro cineasta ha abordado tal diversidad de géneros con la eficacia, agudeza y lucidez de Kubrick. Ninguno ha ejercido tanta influencia sobre múltiples generaciones de realizadores a nivel mundial. Virtuoso en el arte narrativo, no ha habido un director tan detallista en la preparación de sus proyectos y en la filmación. Realizó en promedio sólo una película casi cada cuatro años. Scorsese, por ejemplo, el más grande cineasta vivo de la actualidad, ha realizado una cada dos años.

Planteó un profundo alegato anti bélico en “Sendas de gloria”, que le dio inmediato reconocimiento internacional, antes de cumplir 30 años; sorprendió con su vibrante incursión al cine épico, tan de moda en los 50, dándole una nueva dimensión al cine sobre romanos con “Espartaco”; dio un giro radical para abordar la obsesión sexual en la brillante adaptación de la controvertida novela de Nabokov “Lolita”; mostró su versatilidad en la sagaz comedia paródica de la Guerra Fría “Doctor insólito” (“O cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”); nos dio la obra cumbre de la ciencia ficción: “2001: odisea del espacio”, basado en un cuento de Arthur C. Clarke, que a partir del guion que escribieron los dos, se convirtió en novela.

Fue en 1971 cuando, pleno de audacia y aguda visión social, basado, como siempre, en otro relato literario (de Anthony Burgess) nos entregó su obra maestra: “Naranja mecánica”, donde sin convencionalismos ni ataduras, utilizó el recurso de la violencia inherente al ser humano para construir un inquietante e impactante relato sobre las relaciones humanas.

Dio otra vuelta radical para llevar a la pantalla el drama de William M. Thackeray sobre la aristocracia británica del siglo 18 “Barry Lyndon”. Luego, volvió a sorprendernos con el filme de terror “El resplandor”, basado en la novela de Stephen King, lección de cine cargada de varias de las imágenes más célebres en la historia fílmica.

Ya convertido en un mito, realizó una de las más intensas obras sobre la guerra: “Full metal jacket” para concluir su espléndida carrera con el drama erótico y de misterio “Ojos bien cerrados”, quizás el menos afortunado de sus últimos 10 filmes, pero igualmente poseedor de grandes momentos y de admirable dominio narrativo.

Entre sus dos últimas películas, pasaron casi 20 años, lo que mostró a un cineasta abrumado por su obsesión perfeccionista. Dejó varios proyectos inconclusos, como Napoleón y la versión de “Inteligencia artifical”, que acabó dirigiendo Spielberg.

En todas sus películas, Kubrick mostró la complejidad de la condición humana en escenarios de adversidad. El tiempo engrandece su obra.