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Javier Solórzano Zinser

Austeridad, criterios no tijeretazos

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser
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La austeridad bajo la cual López Obrador gobierna tiene infinidad de razones. 

El despilfarro, la falta de transparencia, la corrupción, los gastos discrecionales, los dineros para las campañas políticas, el enriquecimiento grosero, son sólo algunos de los señalados motivos para ello.

Durante años se ha gobernado bajo la premisa de que los recursos se reparten discrecionalmente, empezando por amigos, familiares, cercanos y para “pagos de favores”.

Ha sido una cloaca que no cambia, porque entre otras razones el sistema mexicano la tiene como una de sus bases de organización y acción.

El Presidente acierta cuando habla de lo que puede significar para la economía del país cerrar los espacios por donde se mete la corrupción. Al hacerlo se ahorra y se optimizan los recursos, los cuales se pierden sin poder seguirles la ruta.

Para la economía del país no solamente debe ser un gran aliciente, sino también es un proceso para el fortalecimiento y control de los dineros como nunca se ha hecho.

No sólo es eso, significa construir una gobernabilidad para el servicio enmarcada en la honestidad, la transparencia y la rendición de cuentas. Es crear una cultura entre el Gobierno y los ciudadanos que lleven a un cambio de paradigma.

El Gobierno está tratando de cambiar las cosas y en algunos casos lo va logrando, pero en otros está cayendo en la discrecionalidad que genera dudas y se presume pueda conformar formas distintas de corrupción.

No está en entredicho la voluntad presidencial, la clave está en el alcance de la misma, porque hemos visto a lo largo de este año y medio actos en que la corrupción y la discrecionalidad rodean las decisiones del Gobierno.

En este marco se suma otra estrategia que, de entrada, es positiva y quizá alentadora; sin embargo, en el terreno de los hechos merece matices y sobre todo el desarrollarse bajo decisiones sensatas. No se puede dejar al Gobierno sin instrumentos para desarrollar sus políticas, debido a su indiscriminada política de austeridad.

Ahorrar no significa quitarle dinero a dependencias que tienen proyectos de enorme importancia, ahorrar no puede ser la aplicación de tijeretazos sin ton ni son.

Un ejemplo de la confusión que provoca la austeridad por la austeridad misma se presentó cuando el senador Ricardo Monreal propuso la fusión de varios institutos autónomos buscando un control sobre ellos y de paso bajarles el presupuesto.

Por el momento ganó la sensatez por la cancelación del proyecto, ya veremos qué pasa en septiembre, en el camino el Presidente opinó que no sabía de qué se trataba, pero que si lo que se quería era ahorrar apoyaba el proyecto.

Más allá de los vericuetos administrativos en que se metieron algunas dependencias por contratos no refrendados, el caso de las computadoras merece atención. No es un capricho el uso de las mismas, es un mecanismo fundamental para el desempeño del Gobierno.

Fue desafortunada la referencia a que Benito Juárez no utilizó ninguna computadora para el desarrollo de sus destacadas acciones políticas, comparar una época con otra en plena revolución de las nuevas tecnologías no sirve para entender el presente y menos para visualizar y diseñar el futuro.

A la convicción de austeridad del Gobierno le urgen criterios. Hay gastos que se tienen que mantener, uno de enorme relevancia es el que tiene que ver con el impulso a la ciencia y a los científicos, quienes hoy nos han ayudado a paliar la brutal y mortal pandemia.

El ahorro indiscriminado en ciencia junto con los calificativos “neoliberales” es un despropósito, ya le seguiremos.

RESQUICIOS.

El discurso del Presidente fue interesante. Entendió el momento y escenario optando por una documentada revisión histórica y por no entrar en las profundas diferencias entre los dos países. Aderezó su discurso con comedidos y dudosos elogios a Trump. En medio de la controversia del viaje a López Obrador no le fue mal, da la impresión que no habrá mucho más.