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Javier Solórzano Zinser

Sin nadie enfrente

QUEBRADERO

Javier Solórzano Zinser
JAVIER SOLÓRZANO ZINSER
Por:

El Presidente sigue sin tener a nadie enfrente y quizá por ello le dé por hacer referencia constante a sus “adversarios”, o le puede dar también por presentar un documento que nadie reconoce. 

A veces parece que el Presidente al no tener una oposición organizada, al menos desde la perspectiva partidista, le da por crearla y meterla en el imaginario colectivo, lo que es oro molido entre sus furibundos e innumerables seguidores.

Mientras el país no tenga una oposición seria y de nivel el Presidente podrá moverse como quiera. No puede hacer todo lo que desea, porque se le van atravesando las leyes las cuales, en algunos casos, han ido cambiando a través de la dócil y fiel mayoría que tiene en el Congreso.

El estado de las cosas ha cambiado más de lo que parece. Lo más reciente son los cambios propuestos a  los institutos autónomos que hizo el senador Ricardo Monreal quien, presumimos, no se gobierna solo.

Para el Presidente lo importante es que se “ahorra”, poco importa el debate de décadas sobre la relevancia que tienen la gestión de los institutos autónomos y la transparencia.

Estamos en camino de regresar al centralismo y de que muchas cosas se “arreglen” por debajo de la mesa, después de que durante años el propio Presidente fue particularmente crítico por ello, en particular en la relación entre los gobiernos y los dueños de los medios de comunicación.

López Obrador no ha podido hacer más, no porque no tenga los instrumentos a la mano, sobre todo el Congreso, sino porque las leyes lo han frenado y le han impedido dar más pasos.

El peso presidencial es cada vez mayor. Algunos ejemplos recientes lo comprueban. López Obrador puede presentar un documento del cual los presuntos responsables se deslindan y parece que no pasa nada; puede llamar a una especie de “conmigo o contra mí” y parece que no pasa nada; puede incluso tirar línea para definir la vida partidista bajo el criterio de “liberales” y “conservadores” y parece que no pasa poco o nada; lo que sí puede pasar es que el Presidente podría hacer que pase.

Al no tener enfrente equilibrios que lo lleven a reflexionar o recular el Presidente va convirtiendo su discurso en hechos. No hay indicios de que le importe atender a sus críticos, los partidistas y los de la llamada comentocracia, hay una dosis de desprecio fundamentada en el pasado.

Muchas de las ideas y planteamientos del Presidente pueden terminar por instrumentarse por su gran capacidad de maniobra y porque, si nos atenemos a lo que dice, más allá de que “le divierta” el tema, tiene todos los elementos a la mano para hacerlo.

Somos monotemáticos con López Obrador, porque está en el imaginario colectivo y en la vida diaria del país y todo indica que seguirá entre nosotros como el factor de decisión y referencia.

El futuro se nos viene profundamente complicado. Hay que asumir una vez más que López Obrador es producto de nosotros mismos y es un Presidente legítimo y fuerte que conserva altos niveles de popularidad nacional.

Lo que estamos viviendo, con variantes, en algún sentido es lo que queríamos, por eso se le votó. Lo importante en él ahora es buscar caminos democráticos y plurales para tener una intercomunicación con el Gobierno, pero sobre todo con nuestro personaje monotemático.

No está fácil ni es un sueño guajiro, pero hacerlo nos coloca en vías de entendimientos que pueden tardar, pero deberán llegar al final.

RESQUICIOS.

Que conste: “… tenemos que vencer, no sólo la pandemia, sino también nuestros miedos. Desde luego, con cuidado, pero como ha pasado mucho tiempo con el confinamiento sí hay temor a salir, no sólo es porque se prohíba o se esté en semáforo rojo… hay que salir, poco a poco, y con cuidado a ejercer nuestra libertad”: López Obrador.

“La predicción quedó rebasada por la persistencia. Llevamos ya cerca de 17 a 18 días en que se ha estancado el descenso de la curva. No tiene un patrón ascendente”: Hugo López-Gatell.