Avatar del Jorge Camacho

Jorge Camacho

El PRI ante la reforma

ELUCIDACIONES

Jorge Camacho
Jorge Camacho 
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Jorge Camacho

El Partido Revolucionario Institucional enfrenta la reforma eléctrica entre aparentes tensiones. No es para menos. La disyuntiva lanzada por el Presidente, “o están con Cárdenas y López Mateos, o están con Salinas”, es tan demagógica como carente de sentido. Optar por unos u otro supone renunciar a la propia historia del partido. No es que haya que optar, sino que ambas alternativas son los mismo: desconocer a una implica desconocer a la otra, reconocer a una supone reconocer a las otras. Porque el PRI es todo eso y más.

Las contradicciones no son algo que incomoden dentro del priismo, pues en este partido la paradoja otorga un principio de coherencia. Si la disyuntiva formulada como silogismo es falsa, no tiene caso el debate dentro del PRI. Sin embargo, da la impresión de que el PRI lo ha recibido con una seriedad que desmiente el sofisma. Así puede conjeturarse que busca algo más que no aparece a primera vista. Todo indica que el PRI votará en contra de la reforma eléctrica. En consecuencia, puede colegirse que la aparente división entre cardenistas y salinistas no es más que una puesta en escena dirigida al ciudadano y al Ejecutivo: generar la impresión de que el Presidente tocó un punto que pudiera dividirlos, con el fin de conseguir el número de votos a la hora de aprobar la reforma. Pero el PRI siempre ha sido un partido disciplinado y, a pesar de lo que se comenta en mentideros políticos, no va a arriesgar esa disciplina por la reforma.

No parece lógico pensar que el presidente del partido dé libertad de voto a sus diputados y senadores. De manera que el voto se dirigirá en una sola dirección, para vetar la reforma eléctrica.

Quizás hay que buscar la calculada ambigüedad del PRI en otros puntos relacionados con los presupuestos. Una negociación en que el Revolucionario Institucional espera recibir algo, una manera de presionar a Morena para que les entregue aquello que piden. El tiempo corre en contra de Morena y aliados, de manera que tendrá que ceder a las solicitudes del PRI, si quiere al menos que la iniciativa pueda ver la luz. Lo más probable es que el PRI reciba aquello que demanda, pero no parece que finalmente se incline por apoyar la reforma.

Morena es quien debe dar el paso con la incertidumbre de la decisión final del PRI. El PRI, claro, se frota las manos. En ellas reside la posibilidad de que se apruebe la reforma. Dadas las mañas priistas, el precio será alto. Morena tendrá que conceder cuanto pida el PRI. Pero el PRI será otra vez el PRI, el de Cárdenas, López Mateos y Salinas, a pesar de que en Palacio se esfuerzan por separar y dividir lo que en términos priistas es absolutamente indisoluble.

El panorama no sólo tiene consecuencias en lo inmediato, sino a futuro. El PRI recibirá lo negociado con Morena para oponerse después a la reforma eléctrica. Pero lo más importante es que la alianza opositora no se verá mermada. Es decir, emplazará a Morena hacia el 2024, y lo hará desde el 2022. En esta tesitura, todo indica que el PRI saldrá más fortalecido de sus negociaciones con Morena y, en consecuencia, la alianza opositora. El perdedor será Morena, que además de haber cedido a las solicitudes del PRI, perderá la votación sobre la reforma eléctrica.