Leonardo Núñez González

Exportar la violencia

EL ESPEJO

Leonardo Núñez González*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Leonardo Núñez González
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:
  • Leonardo Núñez González

El asesinato de Fernando Villavicencio —candidato a la presidencia de Ecuador— por parte de grupos criminales vinculados con el Cártel de Sinaloa ha conmocionado a una sociedad que desde hace un año ha sufrido el desborde de un tipo de narcoviolencia tristemente común en nuestro país. En la intrincada cadena global del tráfico de drogas, las organizaciones mexicanas han construido una amplia red de control en lo que la violencia se ha convertido en un producto de exportación cada vez más difícil de esconder.

De acuerdo con un informe presentado el mes pasado por Anne Milgram, jefa de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), se identificaron alrededor de 26 mil personas que forman parte de las operaciones del Cártel de Sinaloa en más de 100 países, al igual que otros 18 mil operadores del Cártel Jalisco Nueva Generación. En conjunto, casi 45 mil personas forman parte de una compleja operación para tratar de controlar la multiplicidad de puntos de producción, tránsito, tráfico, venta y consumo de drogas en el mundo.

Las guerras que se han desatado en territorio mexicano por controlar las operaciones del narcotráfico tienen su espejo también fuera del país. En el caso de Ecuador, en febrero de 2022 apareció por primera vez un cuerpo exhibido públicamente en un puente peatonal, en una escena característica de los enfrentamientos entre grupos en México. Como franquicias, bandas locales pelean para tratar de controlar la plaza en favor de uno u otro cártel. Por un lado, Los Choneros (una banda que data de hace más de 20 años y que se ha entendido con el Cártel de Sinaloa), por otro, grupos como Los Lobos, Tiguerones y Chone Killers. A partir de ese momento, Ecuador quedó sumergido en una vorágine de violencia.

Mientras que en 2019 la tasa de homicidios era de 6.9 por cada 100 mil habitantes, para 2022 ya se había multiplicado por cuatro, llegando hasta a 25.6 homicidios. Se estima que este año la cifra se eleve hasta 40 homicidios por cada 100 mil habitantes. Como punto de referencia, esta estadística en México es de 25.

La respuesta por parte del gobierno del presidente Guillermo Lasso ha sido la aplicación reiterada del Estado de excepción, toques de queda y el uso de las fuerzas militares para tratar de detener la escalada de violencia, aunque esto no ha resultado en mejoras sustantivas. Igualmente, el régimen de Lasso enfrenta fuertes señalamientos de corrupción, por lo que la crisis de violencia devino en crisis política, lo que lo llevó a disolver la Asamblea Legislativa hace 3 meses y que se adelantaran las elecciones legislativas y presidenciales. Éste es el contexto en que surgió la candidatura de Fernando Villavicencio que, con su experiencia previa en periodismo, saltó a la política e hizo girar buena parte de su campaña alrededor de la denuncia y propuesta de combatir con dureza a estos grupos criminales. Esto le llevó a recibir amenazas de muerte que, trágicamente, se convirtieron en realidad. Ecuador tendrá que votar entre balas la siguiente semana y es incierto qué consecuencias tendrá este atentado, pero es un llamado de atención ineludible para una región que tiene que comenzar a discutir cómo enfrentar conjuntamente una amenaza de la que nadie está seguro ya.