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Leonardo Núñez González

Muerte de la democracia en Hong Kong

EL ESPEJO

Leonardo Núñez González
Leonardo Núñez GonzálezLa Razón de México
Por:
  • Leonardo Núñez González

Las democracias no tienen asegurada su supervivencia nunca. Como un sistema que necesita refrendarse día a día, la pérdida de sus elementos distintivos puede ser un proceso gradual que termine con su virtual anulación. 2020 nos ha dado múltiples ejemplos de avances autoritarios que, apalancados en la pandemia, han atacado abiertamente a la democracia y pocos casos son tan dramáticos como el de Hong Kong.

La premisa fundamental del sistema político de Hong Kong es bien conocida, pues a pesar de haber sido devuelta por los británicos a China en 1997, en ese momento los dos países acordaron que el sistema político de la isla asiática, mucho más parecido al inglés en su respeto a las libertades y fuertes instituciones para garantizar el Estado de derecho, sería respetado por 50 años. Sin embargo, la China de Xi Jinping, comenzó desde hace años una serie de acciones encaminadas a adelantar y asegurar el control de la isla de manera anticipada.

Esto desató que los habitantes de Hong Kong, en particular los más jóvenes, decidieran alzar la voz y enfrentarse a un sistema que pretendía engullirlos para imponer control y censura, como en China continental, donde el gobierno conoce hasta los más mínimos detalles de la vida de sus ciudadanos. Las protestas comenzaron desde el 15 de marzo de 2019 y se mantuvieron hasta 2020, con un saldo brutal de más de 10 mil 000 manifestantes detenidos a lo largo de este tiempo. Para poner un punto final a esta disidencia, y aprovechando la situación del coronavirus, el gobierno de China aprobó en junio de este año una nueva ley de seguridad nacional que impondría severos castigos a cualquiera que decidiera expresar su descontento y se manifestara en contra del gobierno.

Los resultados han sido apabullantes, pues múltiples legisladores y activistas a favor de la democracia han sido detenidos y procesados. El caso más reciente fue el de Joshua Wong, Agnes Chow e Ivan Lam, prominentes líderes juveniles desde la Revolución de los Paraguas de 2014 y que decidieron saltar a la política con la creación de la organización Demosisto para exigir elecciones libres y universales para todos los asientos parlamentarios. Los 3 fueron sentenciados la semana pasada.

El avance de China no sólo ha desactivado a los ciudadanos en las calles y en las redes sociales, sino que también ha avanzado en contra de cualquier tipo de representación política para la oposición. En noviembre, la Asamblea Popular del gobierno chino determinó que ellos podían modificar la ley de Hong Kong sin la necesidad de consultarlos, por lo que hicieron diversos cambios, entre los que destacó la expulsión de cuatro parlamentarios prodemocracia del Consejo Legislativo de Hong Kong debido a que habían apoyado la independencia de la isla y, de acuerdo con el gobierno, pusieron en peligro la seguridad nacional. Días después, los pocos legisladores prodemocracia que quedaban, dimitieron, por lo que la oposición desapareció por completo del parlamento. La muerte de la democracia de Hong Kong ha pasado frente a los ojos del mundo y, dada la importancia de China, pocos se han atrevido a levantar la voz.