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Montserrat Salomón

El secuestro del Partido Republicano

POLITICAL TRIAGE

Montserrat Salomón
Montserrat Salomón
Por:

Terminó el segundo juicio político contra Donald Trump, se le exoneró a pesar de que la mayoría de los senadores votaron por condenarlo. Muchos quisieran pasar la página de uno de los pasajes más vergonzosos de la historia política de Estados Unidos. Sin embargo, como bien lo dijo Trump, su movimiento apenas comienza. Setenta y cuatro millones de personas lo respaldaron en las urnas a pesar de los pesares, es el mayor resultado electoral para un candidato perdedor en la historia de la democracia norteamericana. Es un número importante, es un número a tener en cuenta.

Los senadores republicanos saben bien lo que significan 74 millones de personas y, temerosos, buscaron no enemistarse con ellos en un cálculo político que fue calificado por Nancy Pelosi como pura y dura cobardía. El líder republicano, Mitch McConnell, representa la ambivalencia que vive el GOP en estos momentos. Fue enfático al explicar su voto por exonerar a Trump: lo considera práctica y moralmente culpable de incitar a la turba que tomó el Capitolio el 6 de enero, pero considera que técnicamente un juicio político está pensado para remover a un presidente en funciones, no para castigar a uno que ya ha dejado el cargo. Y así, muchos senadores reprobaron la acción de Trump, pero buscaron subterfugios para votar a su favor para no confrontarse con el populismo que ha tomado por asalto las bases de su partido.

Siete republicanos votaron contra Trump, hicieron falta 10 más para condenarlo. Muchos más de 17 se deslindaron de sus acciones, pero la mayoría calló. Desde el primer juicio, en el que se le acusó de abuso de poder, sólo Mitt Romney aclaró que el fin no justificaba los medios y que las formas de Trump promovían una visión amoral de la política que no iba con los principios fundacionales del partido conservador. Nadie lo escuchó.

El Partido se ha perdido en su laberinto de cálculos de poder y ha perdido su esencia. Más dividido que nunca, tendrá que reflexionar sobre su presente y futuro. En estos momentos, una tendencia de derecha extrema populista amenaza con tomar el control ante la falta de un liderazgo congruente y carismático. Los conservadores tradicionales han quedado relegados y marginados, mientras los discursos incendiarios que coquetean con las teorías conspiracionistas y el supremacismo blanco toman la delantera.

El partido se ha alejado de la búsqueda de la verdad, de la ciencia y de la moral tradicional. Se ha embarcado en negacionismos, confrontaciones y la exaltación de sentimientos que destruyen la cohesión social.

Hay dos caminos por delante: reflexionar sobre el error de arropar a Trump y retomar el rumbo o embarcarse en la loca carrera del populismo buscando quién retomará esas banderas fáciles de enarbolar.