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La generación perdida

OJO AL GARABATO

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El mundo muere. México muere. Por todos lados. Por salud. Por violencia. Por omisión. Si como generación no provocamos un cambio radical, una evolución social, no habrá quién nos saque de los escombros. No gobiernos ni privados. Lo sabemos. Esto que apenas a rueda nos aplastará.

Pero, ¿qué hacer? ¿Cómo mejorar la calidad de vida, democratizar el poder e incrementar la participación ciudadana?

Eliminando la figura presidencial. La concentración de poder en una sola figura humana ya no debe continuar.

La figura presidencial es una broma para el pueblo. Trump ni se diga. Merkel es ya como emperatriz de Europa. Putin y Xi ni se diga. ¿A qué le jugamos? ¿Esperamos al mesías? Ya no creemos en su figura ni en su capacidad de movernos hacia algo mejor. Fue, es y será una figura que divide o reprime.

La idea de un líder único que representa a cientos de millones de personas es anticuada, ilógica y patriarcal.

El liderazgo político debe ser en muchos sentidos un sociópata que traiciona, camalonea y cantinflea su camino al poder.

La solución inmediata, sin desestabilizar el sistema, es que la silla presidencial se convierta en mesa presidencial. ¿Cómo? Elevando la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) a rango presidencial, con reuniones semanales por videoconferencia abierta. El país, como Estado-Nación, definirá su esencia y dirección cuando un coro de voces (32 líderes regionales) identifique problemas y soluciones nacionales. ¿Qué tienen en común Sinaloa y Querétaro, Chiapas y Durango, Estado de México y Campeche?

¿Y las secretarías? Podemos votar por personas calificadas en cada una de ellas. Por periodos de seis años. Es decir, necesitamos votar con más frecuencia para participar más en la construcción de nuestras comunidades, necesidades e identidades.

Así, teniendo un consejo de líderes electos con variedad de opinión fortaleceremos la democracia, conectaremos a poblaciones diversas y mantendremos una visión de Estado. Las ideas y gobernantes se rejuvenecerían cada ciclo electoral estatal (cada tres años) sin arriesgar los objetivos generales de nación, concentrados en personas especializadas que ocupan las secretarías.

Aparte, es mucho más fácil que una sola mente se corrompa, y que esta mente corrompa a miembros de su partido, que a 32.

También sirve para descentralizar el poder y repartirlo a los estados. Las capitales ya no pueden, ni deben contener todo el aparato operativo de una nación. Es injusto para todas las demás comunidades.

La tendencia global en política internacional es consolidar bloques regionales. Tardaremos mucho en regresar a donde estábamos.

En 2020 debemos empezar la aventura social más importante emprendida por la humanidad. Al fin, si fallamos en el intento, podemos resucitar la figurita del presidente y regresar más conscientes a ella. Además, es refácil echarle la culpa a quien ocupa la silla. Nos hace irresponsables.

De no independizarnos de esa figura destinada al pasado, seremos conocidos en un futuro lejano como “la generación perdida”.