Viernes 4.12.2020 - 15:06

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Pedro Sánchez Rodríguez

Contra la unanimidad

FRENTE AL VÉRTIGO

Pedro Sánchez Rodríguez
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“No debemos tener duda que México, en voz de su Presidente, fue uno de los pocos países que de manera explícita decidió, y lo ha ejecutado de esta manera, tener una conducción científica de esta epidemia lejana de los intereses políticos y las coyunturas del momento”

Hugo López-Gatell, durante su comparecencia en el Senado

A diferencia de otras epidemias que en la historia han azotado al mundo, ésta coincide con el acelerado desarrollo de las redes sociales y los medios de comunicación, que permiten tener un flujo de información, fidedigna o falsa, tan al alcance de la mano como la propia enfermedad.

Quizás no lo veamos así, pero vivimos en un mundo, como escribió Feyerabend, en el que Aristóteles es tan bueno como Einstein, e incluso puede que Einstein sea tan poco interesante como para ser tomado en cuenta. Dentro de ese huracán de información circula información científica que no es cierta, acuerdos científicos que no son leyes, políticas gubernamentales no alineadas con la OMS: tantos científicos, tantas opiniones. Y en el ojo de la tormenta: muertes sin funerales, días laborales sin trabajo y negocios sin clientes.

En ésta, nuestra época, en este, nuestro país, convivimos con enfermedades incurables y raras que en otros países ni son incurables, ni son raras tanto por geografía como por economía. La ciencia médica ha avanzado mucho en beneficio de la humanidad, como concepto, pero no en la realidad. El acceso a la verdad médica publicada en revistas científicas, ejercida en hospitales fondeados con millonarios recursos y tecnología de punta, está en países consolidados y raras veces en países en desarrollo. La verdad difiere de la realidad. México cuenta con centros de atención hospitalaria y centros de investigación médica públicos pensados para estar a la par del más alto nivel, venidos a menos por la falta de inversión pública frente al crecimiento demográfico y las necesidades de su población.

Hablar de “la ciencia” como la poseedora de la verdad absoluta en la atención estatal del Covid-19 está basada en el supuesto económico del caeteris paribus. Considerando camas de terapia intensiva suficientes y medicamentos para atenderlas, suficientes ventiladores y médicos y un largo etcétera, la ciencia médica puede todo constante, luego de un periodo de ignorancia sobre la enfermedad, curarla. Pero frente a la deficiencia en prácticamente todas estas variables, la ciencia médica ha hecho milagros ante la deficiencia de la ciencia administrativa, económica, política en la administración pública. Por eso, cuando el gobierno mexicano argumenta que la conducción de la epidemia se ha ejecutado con una conducción científica, uno espera que en un país democrático como México los economistas, politólogos, administradores, abogados, incluso los políticos, tengan una opinión al respecto. La unanimidad, dice Feyerabend, muchas veces es el resultado de una decisión política, otras veces el resultado de prejuicios compartidos y otras una disminución de la conciencia crítica.