Valeria López Vela

Chile: Hacia lo imposible

ACORDES INTERNACIONALES

Valeria López Vela*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. 
Valeria López Vela
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
 
Por:
  • Valeria López Vela

El borrador de la nueva Constitución en Chile—contrario a lo esperado— está listo y en circulación para ser votado el 4 de septiembre. El constituyente logró tener un documento estructurado y listo y eso, en sí mismo, es un motivo para celebrar. El texto completo puede consultarse en: https://www.chileconvencion.cl/wp-content/uploads/2022/06/Armonizacion-segunda-version-final.pdf

El inicio del texto marca el tono y la pauta de toda la propuesta constitucional: “Nosotras y nosotros, el pueblo de Chile, conformado por diversas naciones, nos otorgamos libremente esta Constitución, acordada en un proceso participativo, paritario y democrático”.

A partir de ahí, los principios que adopta la propuesta, en términos generales, siguen la tendencia constitucional global: inclusión, fortalecimiento de los derechos, consideración de asuntos de género, medioambiente y clima y derechos de los pueblos originarios.

La agenda no es sorpresiva, pues se había avanzado mucho mediante el extraordinario trabajo del sistema interamericano, que ha mantenido una trayectoria sólida en la agenda de los derechos humanos; en especial, de los económicos, sociales, culturales y ambientales.

Este esfuerzo del sistema interamericano allana el camino de diseño del nuevo texto, pues el lenguaje de los derechos está incardinado en la discusión pública chilena.

En esta entrega, me gustaría detenerme en cinco principios que dan cuenta del carácter del nuevo texto y lo que veremos venir, en los próximos años.

República solidaria. Su democracia es inclusiva y paritaria. Reconoce como valores intrínsecos e irrenunciables la dignidad, la libertad, la igualdad sustantiva de los seres humanos y su relación indisoluble con la naturaleza. (Art. 1).

Democracia. La nueva Constitución se basa en una democracia donde el poder “reside en el pueblo, por y para el pueblo”, y con atención a la transparencia, la igualdad, libertad de pensamiento y de expresión. Incluyendo los mecanismos de la democracia participativa: iniciativa popular de ley, participación de entidades territoriales y los pueblos y naciones indígenas.

Buen vivir. El Estado reconoce y promueve el buen vivir como una relación de equilibrio armónico entre las personas, la naturaleza y la organización de la sociedad. (Art. 8).

Inclusión. El Estado promueve una sociedad donde mujeres, hombres, diversidades y disidencias sexuales y de género participen en condiciones de igualdad sustantiva, reconociendo que su representación efectiva es un principio y condición mínima para el ejercicio pleno y sustantivo de la democracia y la ciudadanía. (Art. 6).

Envejecimiento digno, que se traduce en poder “obtener prestaciones de seguridad social suficientes para una vida digna; a la accesibilidad al entorno físico, social, económico, cultural y digital; a la participación política y social; a una vida libre de maltrato por motivos de edad; a la autonomía e independencia y al pleno ejercicio de su capacidad jurídica con los apoyos y salvaguardias que correspondan”. (Art. 33).

Sobre esta base, difiero de la opinión del profesor Ginsburg, quien piensa que la implementación de la Constitución será complicada y con resultados a largo plazo; creo que la sociedad chilena ha sentado las bases suficientes para que, en el corto plazo, se vean avances significativos. Ojalá.