Sábado 16.01.2021 - 20:59

Foto de migrante y bebé entre los juncos

Covid19: Por su curva los conoceréis
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“El hombre no es más que un junco, el más débil de la naturaleza —escribió Blas Pascal—. Pero un junco que piensa. No es necesario que el universo entero se arme para aplastarle. Un vapor, una gota de agua son bastante para hacerle perecer. Pero, aun cuando el universo le aplaste, el hombre sería más noble que lo que le mata, porque él sabe que muere”.

Ignoro por qué el atormentado pensador comparó hace 350 años al ser humano con los juncos que crecen al borde de los ríos. Pero pensé en eso antier, al ver en los periódicos la tristísima foto de los cadáveres de Óscar Alberto Martínez y de su hija Valeria, de un año 11 meses. Salvadoreños. Murieron ahogados al intentar cruzar el río Bravo, hacia Brownsville. En la terrible imagen, sus cabezas rozan la orilla, mientras sus cuatro piernas parecen tallos. El bracito de la nena abraza todavía a su padre.

Pascal también escribió: “¡Ridícula justicia que está delimitada por un río! Verdad de este lado de los Pirineos, error del otro.” La guerra entre Francia y España lo llevó a formular ese pensamiento, pero vale para nuestros días si sustituimos Pirineos por río Bravo o Suchiate.

¿Hacia dónde debemos canalizar la rabia y desolación de ver la foto de los migrantes salvadoreños? En primer lugar, hacia Donald Trump. Es verdad que su predecesor, Obama, también tuvo una mano dura contra la migración indocumentada. Deportó a 2.7 millones de personas. Pero, al menos, apoyó la llamada Alianza para la Prosperidad, iniciativa de El Salvador, Guatemala y Honduras que buscaba atender las causas estructurales de la migración irregular. El discurso de Obama, a diferencia del de Trump, no incitaba al odio racial.

En segundo lugar, los mexicanos quizá debemos dirigir nuestra indignación y tristeza hacia nosotros mismos. Según reciente encuesta de El Financiero, 63 por ciento de nuestros connacionales opina que el gobierno debe sellar la frontera para impedir el paso de indocumentados. Personas que tenemos parientes viviendo en Estados Unidos y que migraron allá sin papeles oficiales, hemos apoyado al gobierno mexicano en la negociación con Trump. En mi caso, aunque no creo que la migración deba criminalizarse, reconocí el poder de presión de Estados Unidos. Opiné que debíamos combatir el racismo y la xenofobia, pero también impedir una guerra comercial con el demagogo del norte. Si éste le ha impuesto tarifas de 25% a China, sus amenazas contra nosotros eran perfectamente creíbles. Por lo tanto, debo asumir la responsabilidad que me toca. Al mirar la foto de Óscar y la bebé Valeria, lloro por ellos y por la situación en que nos han colocado. Pascal escribió: “Hay que poner de acuerdo la fuerza y la justicia y, para ello, hacer que lo que es justo sea fuerte o que lo que es fuerte sea justo”. En resumen: equilibrar realismo político y derechos humanos.